Confieso

 

Mira querido, mi nombre es Loreto y quería contarte algo mas bien confesarte algo que siempre he llevado dentro fue algo que detono lo que soy y siento en mis entrañas y ha sacado lo mejor de mi en mi vida, me lo han potenciado y me gusta este nuevo ser en mi y ahora te lo comentare.

Debo confesar algo que me pasó hace mucho tiempo pero que aún lo recuerdo vívidamente. Yo era una adolescente tal vez tenía 13 o 14 años, mi madre estaba en una relación con un hombre mayor en ese momento, él tenía unos 48 años y yo estaba en pleno crecimiento, me sentía sexualmente rica, pero nunca pensé lo que iba a pasar con lo que les contaré ahora.

Yo siempre dormía con la puerta de mi pieza abierta porque en el departamento mi madre tenía por regla tener las puertas siempre abiertas. Una de las pocas veces que se quedó el vejete, que era como me gustaba decirle a él, yo tenía la puerta abierta pero como estaba él la junté y hacía mucho calor porque era verano yo dormía con polerita y calzón, ya cachaba que él se estaba culiando a mi mamá y me calenté un poco al escucharlos e imaginar lo que estaban haciendo, me saqué los calzones para empezar a tocarme rico, debo reconocer que ella me enseñó a ser así tan caliente igual que ella.

Después de irme rico pensando en lo que él le estaba haciendo a mi mamá pero deseando que me lo estuviera haciendo a mí por todo lo que podía escuchar, me empecé a quedar dormida y ya estaba acostada de espalda con las piernas abiertas aun tocándome un poco me dormí, pero como estaba todo oscuro no pude ver bien cuando siento que algo me empieza a tocar suavemente, la verdad no estaba muy segura porque no quise moverme al principio me quedé quieta y empiezo a distinguir que eran unos dedos largos que sólo con la yema me tocaban muy sutilmente la pelvis, la ingle, el borde de mis labios y mi clítoris pero todo era muy lento y muy suave así que como estaba media dormida y también asustada como para mirar, no sabía si era un sueño o mi imaginación. No quería abrir los ojos y ver que era el vejete porque, aunque igual lo deseaba tampoco quería comprobar que no era lo que yo esperaba, así que me dejé llevar disfrutando mucho y moviéndome apenas para no hacer sonar mi cama y que no se dieran cuenta que me estaba masturbando.

 

Lo disfruté tanto más en esos tiempos y mucho más luego de sentir y escuchar que a mi madre se la estaban culiando rico y no a mí, me gustaba mucho masturbarme refregando mi clítoris en mi cama o en la orilla de ésta, pero esto era nuevo para mí porque nunca me había tocado un hombre y como estaba media dormida no sabía bien qué era lo que me pasaba porque ya no eran sólo las yemas de los dedos sino que ahora sentía unos dedos largos dentro de mí y que rodeaban mi conchita húmeda y trataban de abrir mis labios de una forma suave para no despertarme supongo pero me empezó a rozar el clítoris de una forma circular tan lenta que me estaba haciendo disfrutar muchísimo y me estaba volviendo loca por alcanzar el orgasmo pero preferí seguir disfrutando y aguantar lo más posible.

Ahí empecé a mover mis caderas y abrir más mis piernas porque lo único que quería era que me metiera los dedos hasta el fondo de mi vagina para que sintiera todo lo mojada que me tenía por la forma en cómo me estaba tocando. No sé cuánto tiempo habrá pasado, pero ya era evidente que era el vejete el que me estaba masturbando y aunque quería abrir los ojos para mirar su cara de viejo verde caliente y degenerado no lo hice y sólo me seguí moviendo y gimiendo despacito para que mi mamá no escuchara nada y no se despertara.

Yo ya estaba a punto de llegar al clímax cuando él se detuvo un poco para empezar a abrir mis labios y esa sensación fue tan deliciosa porque él podía sentir todo lo mojada que me tenía así que comenzó a meterme sólo un dedo, pero muy lento y de a poco ya que a pesar de masturbarme seguido yo aún era virgen y ésta era la primera vez que un hombre me tocaba.

Juro que no sabría decir cuánto tiempo había pasado pero se sentía eterno hasta que sucedió lo inevitable ya que empecé mi orgasmo tan rico y tan intenso que ya me era imposible contener mis gemidos mientras él ya tenía dos dedos dentro de mí me empecé a convulsionar de forma tan rápida que el aprovechó la ocasión para meterme tres dedos tan profundamente que exploté en ese momento de tanto placer y lujuria como nunca lo he hecho ni siquiera a mis 45 años y también debo reconocer que aún fantaseo con esa noche al imaginar cómo me tocaba el vejete.

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