En La Playa con Susana
Preparé como de costumbre lo necesario para
pasar una buena jornada de playa. En el portal del edificio que vivíamos coincidimos
en encontrarnos ese día con susana una suculenta mujer de 38 años con su hijo
adolescente, equipados también con las cosas que normalmente se llevan a la playa.
Tuve suerte consiguiendo un lugar con sombra, y más aun hallando un lugar
espacioso libre en la arena de la abarrotada playa.
Apenas había tenido tiempo de instalarme cómodamente y darme
mi primer chapuzón cuando de regreso a mi quita sol veo que Susana y su hijo
que apenas hacía una hora había saludado estaban poniendo sus toallas junto a
la mía. En cierta forma no era casual pues era como dije antes el único sitio
vacío que quedaba a esas horas. Fingimos con susana y me ofrecí galantemente
para montar su quita sol. Rápidamente el chico se fue al agua, quedando yo
conversando con Susana. Yo había notado que el hijo de Susi era un poco
introvertido, incluso a veces tenía la sensación de que me observaba mientras
tomaba el sol. “Mi hijo me tiene realmente preocupada Hugo” me confesó Susana,
aprovechando que Luisito se hallaba en el agua.
- “¿Por qué dices eso, Su? “Le pregunté. Entonces me confesó
que llevaba tiempo observando a su hijo comportarse extraño, y que tenía la terrible
sospecha de que Luisito podía sentirse atraído por los hombres. Por supuesto
que mi primera intención era la de haberle dicho que no se preocupará por ello
que la sexualidad de Luisito podía ser igualmente satisfactoria siendo gay o
siendo hetero, que formaba parte de su libertad. Pero como ya tenía calada la
manera de pensar de Susana respecto a su hijo me contuve y me limité a
consolarla diciendo que no lo sabía seguro, que quizás se equivocaba. Además,
mi sexto sentido me decía que siendo astuto podría conseguir algo de la preocupación
de Susanita. Me basto un chapuzón a solas para tramar mi plan. Me volví a
sentar a su lado y comencé a trazar mi red.
- “¿Sabes, Susana? creo que antes de tomar alguna medida,
necesitarías cerciorarte sobre si realmente esas son las inclinaciones de tu
hijo “- le comenté. Ella estuvo completamente de acuerdo con esta apreciación
mía, pero se lamentaba de que no se le ocurría ninguna forma de averiguarlo.
- “A mi sí” - le dije. Ella me miró expectante. Le comenté que
era un plan algo descabellado que se me había ocurrido, que mejor lo olvidase.
Tras mucho insistirme le hice ver que lo mejor era observar la reacción de
Luisito al ponerlo en contacto con la belleza de una mujer. Si la naturaleza
cumplía su función debería excitarse. Tan sólo necesitábamos una voluntaria que
intentase provocar los instintos del chico.
- “Y, ¿cómo vamos a encontrar a una chica que se preste a
nuestro plan?, eso es casi imposible”- se lamentaba. “No, si la voluntaria eres
tú misma. Tan sólo tienes que mostrarte un poco más sexy de lo normal.
Enseguida veremos la reacción de tu hijo”.
Después de muchos razonamientos conseguí convencer a Susana
para ir a comprar esa misma tarde un bikini algo más sugerente para ella. Que
no sintiese vergüenza pues al día siguiente buscaríamos una playa alejada de
curiosos para llevar a cabo nuestro experimento. Sólo estaría ella y su hijo, y
por supuesto yo también pero simplemente como un amigo dispuesto a ayudarla con
sus preocupaciones. Tal como habíamos quedado a la tarde la llevé a un shopping
a comprar su bikini. Le gustó un conjunto bastante clásico, pero enseguida le
hice ver que era necesario elegir algo bastante más insinuante, que por el bien
de su hijo dejara por una vez de lado su lado recatado. Tras muchas pruebas
elegimos un bikini amarillo con poquita tela. Aunque lo cierto es que en la
tienda los había mucho más subiditos de tono. Pero no quise forzarla más por
miedo a que se echase para atrás. Me daba por contento con haberla podido ver
en el mostrador luciendo su cuerpo como realmente era sensual y provocativo,
además aún le guardaba otra jugada que ella ignoraba. Pues justo después de
dejarla en su casa, regresé a la tienda y cambié el modelo por el mismo, pero
con dos talles menos. Ahora sí que le quedaría como el más atrevido de todos y
ella no sospecharía de mi celada. A la mañana siguiente le dijimos a Luisito,
ya en el coche, que pensábamos ir un poco más lejos para probar aguas más
limpias lejos de la ciudad. Llegamos a una playa preciosa y solitaria. El
jovencito y yo llevábamos ya puestas nuestros bermudas, así que saqué la bolsa
con su bikini del maletero y le dije a Susana que podía cambiarse en el auto
mientras nosotros íbamos instalándonos en la orilla. Como a los 15 minutos
llegó Susana con una camiseta holgada y una toalla alrededor de su cintura.
-“la verdad no sé cómo pudimos elegir este bikini ayer me
queda realmente pequeño”, yo puse cara de circunstancias y le dije que no
empezase de nuevo, que era la oportunidad de apartar las dudas que la
embargaban, y que se quitase la camisa y la toalla.
-“ Pero es que me da muchísima vergüenza“ - se excusaba.
-“Si ya te vi ayer con él puesto “.
-"No es por ti es por mi hijo".
Éste era un argumento que traía preparado. Dado que pensó que
era cierto y además que no disponía de otra cosa para ponerse, termino
quitándose la camiseta.
¡Dios mío ¡aquellos pequeños triangulitos de tela apenas le
tapaban los pezones, y aun así parte de sus aureolas quedaban al descubierto
cuando se movía.
- “Vamos, Su, ahora la toalla, no seas tan tímida delante de
tu hijo. Aquella parte sin ser una tanga acababa forzosamente metiéndosele
entre sus nalgas, haciendo el mismo efecto. Mientras que por delante su enorme
concha quedaba expuesta a la vista. Yo fingí una naturalidad e indiferencia
falsa, pues lo cierto es que había conseguido una erección espantosa que a
duras penas lograba disimular con mis amplias bermudas. Le hice notar la
debilidad de la piel expuesta por primera vez al sol, para lo que me apresuré a
prestarle mi crema protectora de alta graduación. Tras aplicársela ella misma
por delante le advertí que su espalda también lo necesitaba. Se puso bocabajo y
allí empezó mi toqueteo de aquel cuerpo tan hermoso y que tan bien conocía.
Conforme iba masajeando su cuerpo pude notar la incomodidad de Susana y cuando les
tocó el turno a sus nalgas se puso completamente colorada. Luisito salió del
agua y vino por antiparras de buceo. Apenas prestó atención a su mamá (creo que
el chico era en realidad gay, pues aquella prueba no la hubiese superado nadie
con ganas de cogerse una mujer).
- “¿Te das cuenta Hugo? ¡Ni siquiera se ha fijado, y lo cierto
es que estoy vestida como una auténtica puta!” Yo le dije que quizás necesitase
un poco más de estímulo y como el chico estaba cerca de nosotros y podía verla
perfectamente, que lo mejor era que me permitiese darle más crema de una forma
insinuante. Se volvió a poner de espaldas y esta vez me centré sin reparos en
su hermoso culo. Mientras Susi miraba de soslayo hacía su hijo para ver si
reaccionaba ante el manoseo que yo le hacía. Animado pues parecía que Susana
por fin se había tomado en serio su papel le pedí que moviese un poco el culo
al ritmo de mi masaje. Así lo hizo, ofreciéndome no sólo la visión de bellísimo
culo sino también su suave tacto. Aparte con una mano la tirilla que cubría su hoyo
y lo comencé a untar con crema, siguiendo un recorrido hasta su conchita que
sorprendentemente hallé mojada.
- “Vaya, Susanita, parece que ya estás en lo tuyo amor” -le
dije. Ella no respondió se limitó a seguir contoneándose, para entonces había
introducido un dedo en su culo. Ella protestó pero se calló cuando le indiqué
que mirase con disimulo hacia la playa pues Luisito por fin nos observaba
excitado por el espectáculo que dábamos.
- “Creo que es hora de que le demos una lección practica de
sexo, ¿no estás de acuerdo conmigo Susi?” Antes de darle tiempo a reaccionar ya
me había quitado mi bermuda y apunte mi pija hacia su concha. La penetre desde
atrás, pues seguía bocabajo. No me costó metérsela de un solo toque, pues se había
mojado toda con mis toqueteadas. La agarré fuerte de las muñecas y comencé un
mete y saca violento hasta que Susana empezó a gemir, a balbucear. Tras notar
su primer orgasmo saqué mi verga y la encañoné esta vez hacia ese culo que me
obsesionaba.
- “No por favor, por el culo aquí no”. Conseguí introducir
laboriosamente la cabeza, provocando quejidos de Su. Me deje caer y con mi
propio peso la verga se hundió imparable hasta tocar con los cocos en la concha.
Susana dio un grito que debió escucharse en las playas vecinas. A los pocos
minutos mi verga entraba y salía de aquel agujero como el pistón de un motor
engrasado. Susana comenzó a gemir de nuevo.
- “¿Sigues queriendo que saque mi verga de tu culo, Susi?”
-“No, por favor no pares ahora, es realmente delicioso como la
siento”.
-“Esta bien puta, seguiré dándote por el culo sólo si te pones
a cuatro patas como a ti te gusta que te coja y me pides que te rompa el culo”
-le dije a la vez que se la sacaba de tan delicioso lugar y la dejaba afuera.
Susana con la cara desencajada por el placer se limitó a ponerse a cuatro
patas.
“ Por favor, rómpeme el culo, te lo ruego”. Paremos un momento
querido lector para contemplar esta situación absolutamente real que me paso:
Una señora muy puta de 38 años, a cuatro patas en la arena de una playa
suplicándome que se la diera por el culo, mientras su hijo nos contemplaba
atónito a apenas 20 metros de nosotros. Y todo esto lo había conseguido con un
poco de astucia y decisión. Paremos en esta bella postal que conservo en mi
memoria pues para mí la existencia no son más que estos momentos cumbres de
morbo que decoran nuestra monótona vida de cuando en cuando…
- “Prepárate putita” - le dije mientras le daba unas palmadas
fuertes en el culo antes de volver a penetrarla de un golpe. Continuamos la
enculada salvajemente hasta que notando que le iba a acabar otra vez la tomé
por el pelo y la obligué a tragarse toda mi leche. En el camino de regreso tras
un silencio de plomo Susana le pregunto a su hijo.
- “¿Te gustó lo que viste, Luisito?” “…Sí…mucho ma.”.
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