Nos Observan
Yo siempre había fantaseado con tener sexo con mi mujer en frente de algún desconocido, incluso se lo había contado a ella una vez mientras hacíamos el amor, pero me dijo que no le apetecía y que no le excitaba ni siquiera como fantasía. Pero pronto descubrí que no era verdad...
Estábamos de viaje en Londres por una semana y nos tocó un
hotel de esos típicos londinenses que son una casa antigua reconvertida a
hotel. Nuestro cuarto no tenía vista a la calle, sino al patio. Era un pequeño
patio donde la única vista eran muchas ventanas, tanto de otros cuartos del
mismo hotel, como de otras viviendas adyacentes.
Nos pasábamos todo el día caminando en las calles de Londres,
yendo a museos, de shopping, etc. Y de noche llegábamos agotados al hotel, pero
siempre con unas tremendas ganas de tener sexo, lo hacíamos 2 o 3 veces y luego
dormíamos tranquilamente toda la noche. Una noche fue diferente, habíamos
estado bebiendo copas en un pub y mi mujer estaba muy guapa y vestida muy sexy.
Muchos hombres la habían estado mirando a lo largo de la noche y ella estaba
consciente de eso, lo cual la ponía cachonda.
Cuando llegamos al hotel me empezó a besar apasionadamente y nos quitamos la ropa. Me puse de pie detrás de ella y comencé a acariciarle los pechos. Estábamos por casualidad en frente de la ventana con las cortinas cerradas, pero la luz encendida. pronto me percaté de que si hubiera alguien en una de las tantas ventanas del patio podría perfectamente ver nuestras siluetas.
La idea me excitó, pero a la vez me dio pudor. Fui y apagué la luz y en eso mi mujer me hizo un comentario que me dejó atónito. Me dijo que, si acaso no era eso lo que yo quería, que algún desconocido nos viera. Yo me quedé un poco cortado, pero luego me excité y le dije que así era. Entonces ella se acercó a la ventana y abrió las cortinas y también abrió la ventana de par en par. Entraba aire frio, pero nos daba igual, estábamos tan excitados que apenas lo notábamos. Entre los dos acercamos la cama y la pusimos en frente de la ventana abierta de par en par y comenzamos a tener sexo.
Había luna llena, con lo cual entraba una luz pálida, pero
suficiente para ver nuestras siluetas y quizás nuestros cuerpos en detalle,
pero no nuestras caras. Ella estaba en cuatro patas haciéndome una tremenda mamada,
de espaldas a la ventana cuando yo divisé una luz rojiza que se encendió por un
leve instante en una ventana al lado opuesto del patio - era un cigarrillo.
Había alguien allí, fumando en la oscuridad y probablemente observándolo todo. Me palpitó el corazón, pero me excité aún más. Se lo comenté a mi mujer que se dio la vuelta, también vio como la luz del cigarrillo se encendía y luego me miró pícaramente y me siguió chupando la verga, esta vez con más ganas y más excitada. Luego de un largo rato de haberme dado placer con su boca, la cogí por la cintura y le di vuelta, ella todavía en cuatro patas, pero ahora mirando hacía la ventana y la comencé a taladrar en su sexo. Estaba completamente empapada, y lo hacía muy salvaje, nunca la había visto tan caliente.
Le pregunté al oído que qué estaba pensando en ese instante y
me contestó en cómo sería la persona desconocida que sin duda nos estaba
mirando desde la oscuridad. Le pregunté que, si pudiera elegir, qué prefería
que si hombre o mujer. Me contestó que hombre. Le pregunté que cómo se lo
imaginaba y me dijo que seguramente era un hombre maduro, muy elegante pero
solitario. Le pregunté que qué creía que él estaba haciendo y me contestó que
seguramente se estuviera haciendo una paja...
Eso me puso a mil, la comencé a follar más rápido y con
embestidas más salvajes a la vez que acariciaba su clítoris con mis dedos. Ella
se corrió primero soltando unos gemidos que retumbaron en todo el patio.
Después de haber terminado de correrse ella apoyó su cabeza en las sábanas y me
dejó su sexo a mi merced... Yo por mi parte seguí al mismo ritmo hasta que unos
minutos más tarde descargué mi leche ardiente en su agujero y allí me quedé
metido dentro de ella un largo rato como en trance. Entre mareos de placer vi
como una cerilla se encendía y por un momento iluminó a un hombre de pie en la
oscuridad de la ventana opuesta. Era joven y a la vista alto y musculoso, al
parecer negro o mulato. Una vez tumbados en la cama, uno al lado del otro, le
comenté a mi mujer que le había visto por un momento a nuestro observador
anónimo y se lo describí, a ella le gustó la idea de que fuera un hombre joven
y más o menos guapo.
Al día siguiente por la mañana estaba pegada a la ventana
husmeando a ver si veía a nuestro curioso vecino. Está de más decir que el resto
de la semana hicimos el amor en frente de la ventana todas las veces, incluso
una vez, con una vela encendida, ella me hizo una mamada hasta yo correrme en
su boca. Nuestro espectador no faltó a la cita y su cigarrillo brillaba en la
oscuridad cada vez que lo hacíamos...
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