La Poseida

 

Mi fantasía era ser poseída por tres putas siendo esclavizada y que me prepararan para una noche ultra hot para tener con mi marido.


Una fría noche de invierno, cayo a casa luego de cenar, Carlos, amigo nuestro, pero no vino solo, sino con tres mujeres. No me extraño que llegara con esas tres que tenían una pinta de putas que se partían, porque él era soltero y siempre andaba con cuanta loca hubiese.


Nos sentamos en el living y conmigo en el sillón mas grande se sentaron las tres amigas de Carlos. Mi marido trajo dos botellas de vino, yo no quería tomar, pero todos me insistieron, así que yo como no soy bebedora, en la segunda copa, ya estaba media cachonda.


Yo ya iba sintiendo calor y las miradas de estas tres reventadas y me parecía que ellas se iban apretando más y más hacia mí, con miraditas y algún otro roce Ya creo que, en la cuarta copa, una de ellas me desabrocho dos botones de la camisa, mientras otra metía la mano tocando una de mis tetas yo que estaba consciente pero aturdida, mire a mi marido y a Carlos como diciendo no sé qué pasa, pero ellos me miraban como sin verme.


Me levantaron entre las tres, me llevaron a mi dormitorio y me desnudaron, atándome las manos y tapándome la boca. Yo empecé a forcejear, bastante asustada creo, pero mi cuerpo y mi mente me decían que eso era lo que yo había querido en años. Me dieron un baño, lavaron con sus manos mi vagina, me taparon con la toalla y así me tiraron en la cama. Mis manos atadas me las ataron al barral de la cama, una de ellas me sostenía las piernas y las otras dos empezaron a chuparme y tocarme los las tetas, retorciéndome los pezones, yo que no podía gritar, me movía como loca, desesperada puesto que eso ya iba más de mi fantasía.

 

Mientras me seguían tocando, me abrieron de piernas, untaron mi vagina con crema corporal y me empezaron a meter un consolador, que lo sacaban a cada segundo, para que yo sintiese la necesidad de ser cogida. Cuando mi cuerpo parecía que se acostumbraba a tal objeto, me dejaban con las ganas. Me dieron vuelta y ahí me enloquecí, ya que nunca había tenido sexo anal, me pusieron en cuatro patas, y mientras una de ellas introducía un vibrador a mi vagina por contados segundos, siento en el ano que me empiezan a poner crema y empiezo a sentir palmadas en el culo y con las manos me agarraban las nalgas y era como que querían abrirlo, no pude hacer nada, hasta que metieron de apoco un consolador, mientras seguían con el vibrador en mi vagina, el mismo debe de haber tocado un punto crucial porque empecé a tener unos espasmos y ellas aprovecharon eso para ir metiendo mas el consolador por el ano.

 

Pero nunca terminaban nada de lo que empezaban, me dieron vuelta me acostaron sobre tres almohadas y mientras me manoseaban y chupaban las tetas me poseyeron con algo de gran grosor y con tanta fuerza, que empecé a tener un orgasmo bestial, estaba descontrolada, no era yo, en un momento abro los ojos y el que me introducía fuertemente el consolador era mi marido, mientras ellas lamian y me retorcían los pezones. Salieron del cuarto y terminamos con mi marido teniendo sexo anal de una forma bestial, sentía dolor, pero el placer lo superaba todo. Fue la única vez que sucedió esto, no me dio asco que hayan sido mujeres. Realmente me esclavizaron por dos horas, me hicieron muchas más cosas de las que conté y me dejaron lista para mi hombre

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