El Gimnasio
Rosa, la dueña de un gimnasio, una mujer de
formidable físico, tiene dos "perritas" amaestradas que satisfacen y
apaciguan sus ardores.
Mi nombre es Paty, tengo 26 años. El relato que contaré
sucedió hace casi un año.
Soy una chica delgada de 1.65 de estatura, de piel blanca y
pelo castaño. Mis amigas siempre me han dicho que mi rostro es muy bello debido
a mis facciones que son muy finas. Como lo mencioné soy una chica delgada, aun así,
tengo un cuerpo bien formado. A pesar de eso noté que de un tiempo para acá
había aumentado algo de peso. Eso me preocupó ya que, en mi familia,
concretamente mis tías, son algo pasadas de kilos. Así que decidí entrar a un
gimnasio que queda cerca de mi casa.
Habían pasado apenas unas semanas desde que había empezado a
asistir a este gimnasio, hasta que cierto conocí a alguien que cambió mi forma
de ver el sexo y la forma de sentirlo. En esa ocasión me encontraba pagando la
mensualidad a la secretaría en una oficina que está al lado del gimnasio. De
pronto entró por la puerta que comunica la oficina con el gimnasio una mujer,
que resultó ser la dueña del lugar. Se llama Rosa y es una mujer impresionante,
desde el primer momento en que la vi me dejó con la boca abierta. Es como de
1.80 de estatura, morena con unos músculos impresionantes, su rostro era lindo,
pero lo que te llama más la atención es su cuerpo. En un momento me encontré
admirando sus enormes pechos, su tremendo trasero y sus muslos musculosos y
grandísimos. Ella pasó junto a la secretaria y le dijo que estaría en su
oficina y que quería que entrara cuando terminara de atenderme.
Ella entró a la oficina, cerró la puerta haciendo que el ruido
me despertara de mi letargo. Le pregunté a la secretaria que quién era esa
mujer, ella me contestó que era la dueña y que se llamaba Rosa. Me dio el
recibo de la mensualidad y enseguida entró a la oficina. Después de eso me
quede pensando otra vez en Rosa, realmente me había impresionado. Nunca antes
una mujer me había dejado impresionada de esa forma. Pensé que se trataba de
admiración, pero no era así y yo lo sabía. Sacudí mi cabeza y estaba a punto de
dar la media vuelta cuando escuché un sonido proveniente de la oficina.
Pensé que había sido mi imaginación, me puse a escuchar más
detenidamente, y otra vez escuché ese sonido. Era un quejido de mujer. No sé
qué impulso y me acerqué a la puerta, ésta estaba entreabierta y traté de ver
lo que sucedía en el interior. Me acerqué más, no podía creer lo que estaba
viendo era esa mujer musculosa sentada en un sillón, tenía las piernas abiertas
y a su secretaria hincada enfrente de ella mamándole la concha. La mujer tenía
a la secretaria agarrada del cabello con las dos manos mientras emitía esos
quejidos que había escuchado.
Ella no tenía más ropa que un top que apenas podía contener
sus tetas, los pezones erectos se le marcaban claramente y su respiración era
acelerada. De pronto tomó con más fuerza a la secretaria y sumergió la cabeza
de ésta en su entre pierna y se vino. Tuvo un orgasmo bárbaro. Lo supe por cómo
tembló por un momento levantando la vista al techo y soltó un grito.
Después de un momento ella se levantó del sillón y le dijo a
la secretaria: - Lo has hecho muy bien zorrita, ahora mami te va comer la
conchita a ti.
Le levantó la falda, la tomó de la cintura, la levantó como
nada y la subió al escritorio. La abrió de piernas, bajó su rostro hacia la
entrepierna de la secretaria cuando de pronto se me cayó mi bolso y éste hizo
un ruido, me asusté por temor a ser descubierta, tomé mi bolso y salí corriendo
de ahí, llegué hasta mi casa, entré a mi cuarto me tiré en la cama y me quedé
pensando en lo que había visto.
Esa escena me había excitado mucho. Recordé a Rosa y su imponente cuerpo. La recordaba sentada en ese sofá tomando a su secretaria firmemente del cabello. Hubiera querido ser yo quien estaba hincada satisfaciéndola. Ya no tenía duda esa mujer me causaba una completa excitación. Me bajé el pantalón. Mi tanga ya estaba mojada, también me la quité y me empecé a masturbar.
Metía un dedo, después otro y me refregaba
el botoncito. Empecé a jadear, sólo recordar el voluptuoso cuerpo de Rosa me
volvía loca. La imagen de la secretaria hundida en el sexo de ese pedazo de
mujer me excitaba como nunca. No sé cuánto tiempo estuve ahí masturbándome. Me
levanté, tomé un baño y me puse a ver la televisión, volví a pensar en lo
ocurrido esa mañana. Me preguntaba si me habrían visto espiando, si sería buena
idea ir al siguiente día como si nada hubiera pasado. Pero pensándolo bien nada
había pasado, ya que no había yo hecho nada y muy probablemente no me habían
visto.
Al siguiente día fui normalmente y me puse a hacer mis
ejercicios como siempre. De pronto la vi, estaba haciendo pesas, llevaba un
diminuto short, que dejaba ver sus magníficas piernas, traía un top que
alcanzaba a mostrar los lados de sus grandes tetas. Las gotas de sudor corrían
por su cuerpo, estaba sentada con las piernas abiertas y eso me hizo recordar
lo pasado anteriormente, me empecé a calentar, me levanté y fui directo al baño
de mujeres, me aseguré de que no hubiera nadie y me metí a uno de los privados,
me senté en la taza, noté que la puerta no tenía picaporte así que sólo la
emparejé. Me bajé el short que traía, me bajé los calzones deportivos y empecé
a darme dedo pensando en Rosa.
Apenas empezaba a tocarme cuando se abrió
la puerta. Era Rosa estaba parada ahí mirándome fijamente, mientras yo me
encontraba con las piernas abiertas, y mis dedos dentro de mi cosita. Me había
seguido hasta aquí. Su mirada me daba algo de miedo, su cuerpo se veía aún más
imponente de cerca. No sabía qué hacer traté de hacerme la enojada y decirle
que se fuera, pero estaba paralizada y no podía ni abrir la boca.
Así que fue ella la que habló:
Pero a quién tenemos aquí, eres la mirona del día de ayer.
Yo, yo no...
- ¡Cállate!, aquí sólo se habla cuando yo lo diga. Eres una
perrita muy caliente, mira que hacerse una paja en el baño. ¿En quién estabas
pensando? ¿En mí? ¿Crees que no noté cómo me mirabas hace un rato? ¿Y qué cosas
ricas pensabas ayer mirándome en mi oficina?.
- Yo, este no...
- Ven acá putita.
Me tomó del cabello y me levantó de la taza.
- Parece que tu mamá no te educó muy bien, pero yo te enseñaré
a no espiar a otras personas.
Tenía mucho miedo, esa mujer era enorme, cuando me levantó
apenas si le llegaba hasta los pechos me tomó de los hombros y podía sentir su
enorme fuerza, sería mejor no resistir, o podría irme peor. Me ordenó que
pusiera las manos en la pared y me hizo levantar el culo y me lo empezó a
acariciar.
- Qué lindo culito tienes perrita. Me encanta hacer esto.
De pronto me dio una nalgada que casi me hizo gritar y casi
llorar.
- ¡Aaaah!
- ¿Te duele mucho chiquita?
- ¡Siiii! Ya no me pegue por favor. - Entonces intenté
voltearme para tratar de hacerla desistir, pero ella me tomó de la blusa con
una mano y con la otra mano me soltó dos cachetadas y me dijo:
- ¿A dónde crees que vas linda? Mejor no intentes nada o sólo
tendré que usar más fuerza. Sabes que puedo hacer lo que quiera contigo puta.
Me volvió a voltear y continúo pegándome. La verdad es que me
dolía mucho, pero eso también me estaba excitando mucho ser castigada como una
niña malcriada. Ya tenía la concha chorreando sólo por la zurra. Después de no
sé cuántas palmadas en el culo ella paró. Me empezó a acariciar de nuevo mi
dolorido culo mientras me decía:
- Ya ha sido suficiente perrita, si te sigues portando mal la
próxima vez te irá peor.
Me tiró en el piso y quedé hincada. Se quitó su short y me
mostró su concha totalmente depilada.
- Ahora agradéceme el haberte castigado dándome una mamada de concha
como te gusto ver.
Me quedé mirando su concha, era imponente, sus labios eran muy
gruesos, se veía enorme parecía que si acercaba mi rostro sería succionado.
Cerré los ojos y me acerqué sacando la lengua e hice contacto. Empecé a lamer y
chupar suavemente. Ella ya estaba algo mojada, parece que ella también se había
excitado al pegarme, sus jugos me ponían más caliente, abrí los ojos y miré sus
enormes muslos a mi lado.
- Qué rico chupas putita, pareces un cachorrito no cabe duda
de que eres toda una perita en celo.
Sus palabras también me excitaban, empecé a sentir mi conchita
más húmeda. Trataba de darle la mamada que mejor podría hacer. Estuvimos así un
rato cuando ella empezó a decir:
- ¡Uummm!, ¡aah!, así pequeña, ya me vengo, hazme venir
putita, hazme venir, chupa más fuerte. Así, mas aaah.
Ella tomó mi cabeza y me la hundió la cara en su cocnahita mi
nariz y mi boca estaban totalmente dentro, sentí su temblor.
- ¡Aaaaah!, ¡me vengoo!, ¡aaaaah!, ¡siiiii!, ¡aaaaah!.
Se vino increíble y vinieron sus líquidos que entraban a mi
boca, continuaba Agarrándome fuertemente de la cabeza sentí que me ahogaba con
su acabada, pero ella no me soltaba. Me empecé a retorcer tratando de soltarme,
pero era inútil. Ella se calmó un poco, empezó a reír y me dijo aun jadeando:
- Qué pasa cariño, ¿ya no quieres más mi cosita?.
Por fin me soltó y yo empecé a toser por sus líquidos en mi
garganta.
- Lo has hecho muy bien, pero todavía no terminamos.
Se inclinó y me tomó de las axilas levantándome para sentarme
en el pretil del lavamanos, de esa forma mi rostro casi quedaba a la altura del
suyo. Con una mano me sujetó la cara tomándome de la barbilla mientras que
embarraba un dedo de la otra mano con los restos de su venida que había en mi
rostro y me lo metía en la boca sacando y metiendo como si fuera un pene.
- No desperdicies nada putita, chupa mi dedo. Qué linda te ves
mamándolo.
Yo le chupaba el dedo con entusiasmo, realmente me encantaba.
Yo continuaba con mi respiración acelerada mientras que ella
sólo me miraba con una sonrisa de lujuria y diversión. Parecía que le resultaba
gracioso jugar así conmigo sin que yo pudiera hacer nada. Cuando termino me
sacó la polera sudada y con sus juguitos que traía y después me quitó el sostén.
Al ver mis tetitas empezó a reír mientras me las palmeaba suavecito.
- ¡Pero qué miniaturas son éstas! Parecen de nenita. Pero cómo
se me antojan.
Tomó una con cada mano y las empezó a amasar suavemente,
después me pellizcaba los pezoncitos también despacito. Empecé a gemir. Enredó
mi cintura con su fuerte brazo, se abalanzó sobre mi pecho y empezó a comerse
mis tetitas. Sentí que de verdad las devoraría. Las lamía, chupaba, les daba
pequeños mordiscos que me hacían dar saltitos. ¡Cómo me los chupaba! Me estaba
comiendo viva. De pronto metió uno de sus dedos en mi cosita. Solté un gritito
y empecé a jadear aún más. Sentir cómo me tenía inmovilizada con su brazo en mi
cintura, cómo me comía las tetas y me perforaba el coño con su dedo me estaba
volviendo loca.
Dejó mis tetas un momento y empezó a lamer mi cuello, después
mis orejas, luego pasó a mi boca. No me besaba sólo me lamía los labios y me
los mordía. Ahora ya tenía dos dedos en mi interior. Empezó a bajar su rostro
hasta mi cosita y me empezó a chupar el clítoris. En ese momento me vine como
nunca, empecé a gritar como loca sentí como salían los jugos de mi conchita,
exploté y quedé totalmente sin fuerzas.
- ¿Te gustó zorrita?, ya veo que sí, no puedes ni hablar.
Ahora tengo que irme, pero mañana te quiero en mi oficina a las 7 de la noche.
Se vistió, le quitó el seguro a la puerta del baño y me dejó
ahí toda vaciada y dolorida del culo, el coño y las tetas. Me comencé a vestir
como pude. No podía creer lo que había pasado, ella prácticamente me había
violado y me había gustado mucho. Quería ser su amante, su esclava, quería que
me hiciera todo aquello otra vez y todas las veces que ella quisiera.
Así el día siguiente fui a su oficina como me había dicho. Al
llegar vi a su secretaria, la misma chica que había visto el otro día hincada
comiendo la concha de Rosa. Era es una chica rubia de ojos color miel como de
unos 22 años, muy linda con un cuerpo del tipo mío y que de seguro también
sabía que yo las había visto. Nerviosa le dije que tenía una cita con Rosa.
Ella respondió:
- Ahora no está ella, pero me dijo que te hiciera pasar para
que la esperaras ahí.
Se levantó, me tomó la mano, y me llevó hasta su oficina.
Entramos y me pidió que me sentara en el sillón, ella se sentó conmigo y dijo:
- Conque tú eres la chica que nos miraba el otro día verdad.
¿Te gustó lo que viste?.
Yo no sabía qué decir, ella estaba muy pegada a mí y me miraba
muy fijamente.
- ¿Quieres que lo hagamos ahora?
Me susurró al oído. Después empezó a lamérmelo.
- Sí.
Dije suspirando. Ella me empezó a lamer el cuello y a acariciar
una teta por encima de la blusa. Yo estaba muy caliente desde el momento que
salí de mi casa, así que ella no necesitaba mucho para convencerme. Ahora lo
estaba haciendo con otra chica, no lo podía creer, Rosa me había hecho una
lesbiana y me encantaba. En eso entró Rosa.
- ¡Pero que par de maricas tan calientes son, conque ya están
cogiendo!.
Volteé sorprendida y me paré inmediatamente. Angélica que es
su secretaria también se paró y trató de hablar.
- Ama yo sólo...
- ¡Cállate! Quiero que se encueren ahora. ¡Rápido!
Nos comenzamos a desvestir lo más rápido posible, ella también
se quedó Totalmente desnuda.
- Ahora quiero verlas besándose, quiero que me exciten.
Nos miramos Angélica y yo y nos comenzamos a besar y
acariciar, poco a poco empezamos a entrar en calor otra vez. Rosa estaba
sentada, en su silla masturbándose mientras nos veía.
- Así par de putitas cojan para su ama.
Se levantó de pronto, se acercó a nosotras, tomó a Angélica de
los cabellos, la jaló hacia ella y la besó fuertemente. Era excitante verlas,
Angélica parada de puntitas y Rosa bajando un poco la cabeza para pegar su boca
con la de Angélica. Rosa la besaba como si se la fuera a comer, alcanzaba a ver
cómo sus lenguas se abrazaban, a Angélica le corría saliva por la boca y yo me
calentaba cada vez más. Por fin Rosa soltó a Angélica dejándola con la
respiración acelerada y con la pintura de labios embarrada alrededor de la
boca. Me volteó a ver como a un objeto de su propiedad, y me hizo lo mismo. Me
penetró con su lengua y me dejó casi sin aire.
Sacó unas esposas de cuero, me puso los brazos en la espalda,
y me las colocó en las muñecas. Lo mismo hizo con Angélica, después sacó una
correa de cuero como de tres metros con dos bozales en las puntas y nos puso un
bozal a cada una. Ese juego me gustaba cada vez más.
- Qué sumisas se ven putitas. Esto me calienta mucho. Ahora
son mis perras personales.
Me encantaba esto, me sentía más suya. Ahora era su esclava,
me podría hacer lo que quisiera.
- Chúpenme perritas, chupen las tetas de su ama.
Las dos nos dejamos ir a sus tetas, se las mamábamos con
devoción mientras la mirábamos al rostro como si fuera nuestra diosa.
Chupábamos como un par de bebes lactando.
- Chupen mamonas. ¿Esto les encanta verdad maricas?
Bajó sus manos y nos empezó a acariciar el culo. Me apretaba
las nalgas muy fuertes, yo sólo soltaba su teta para soltar quejidos por el
dolor. A Angélica también se las apretaba, a las dos nos encantaba. Un dedo
empezó a penetrarme el culo, solté un gritito de dolor y placer, al mismo
tiempo gritó Angélica, al parecer a ella también le estaba dando dedo.
- ¿Les gustó perritas?.
Después nos metió todo lo que pudo los dedos haciéndonos
levantar de puntillas y chillar de placer. Me había desvirgado el culo. Yo
empecé a llorar por el dolor. Me tomó la cabeza y me empezó a lamer las lágrimas.
- No llores bebé, apenas vamos empezando.
Nos sacó los dedos y no los metió a la boca, haciendo que los
chupáramos. Sacó una tanga con un pene de plástico enorme por dentro y otro por
fuera. Tomó a Angélica y le hizo chupar uno de los penes. Se puso la tanga
metiéndose el pene que chupó Angélica en su sexo. Después me obligo a hincarme
y me hizo mamárselo.
- Chúpalo bien puta porque te lo voy a meter enseguida en tu
conchita.
Yo se lo empecé a chupar para dejarlo bien lubricado y evitar
que me doliera mucho. A Angélica le empezó a acariciar su cosita y a meterle un
dedo, ella se deshacía de placer. Rosa se veía imponente con su enorme pene,
teniéndonos controladas, amarradas, a mi mamándole el pene de plástico y
teniendo el coño de Angélica bien agarrado. En un espejo grande que cubría una
de las paredes podía verme hincada delante de ese mujerón. Angélica y yo nos
veíamos pequeñas junto a ella. Totalmente a su disposición.
Rosa tomó mi cabello con una mano y me empezó a meter el pene
cada vez más adentro y más rápido, me llegaba hasta la garganta, sentí que me
ahogaba.
- Hasta el fondo bebé, cómetelo todo perrita. Chupa mi pene
puta, chúpalo bien. Eres una sucia mama vergas. Trágatela toda.
Continuo un buen rato, haciendo que el pene que llevaba por
dentro de la tanga se le metiera más. Por fin me soltó, tiró a Angélica al piso
y dijo:
- Suficiente. Ahora vamos al sofá, es hora de coger. Vengan
conmigo perritas.
Jaló la correa para que la siguiéramos a gatas como un par de
cachorros siguiendo a su ama. Su culo se veía enorme desde aquí, no le podía
quitar los ojos de encima. Al llegar al sofá, ella se sentó y tomándose el pene
dijo:
- Ven nena a ti te toca primero.
Me subí al sofá y me metí el pene poco a poco.
- Así, cómetelo todo.
Me dolía bastante era muy grueso, como de unos 5 cm de ancho y
unos 20 cm de largo. Estaba muy excitada, mi coño se sentía muy apretado. Yo
quedaba de frente a ella, podía ver su mirada maliciosa con una sonrisa de
lujuria como lo había hecho en el baño. Me tomó de la cintura con sus manos y
me empezó a subir y a bajar. Empecé a jadear y quejarme. Era doloroso pero
excitante a la vez. Ese mujerón me tenía totalmente ensartada como una muñeca.
Me la metía y me la sacaba rápidamente sin contemplación. Yo sólo podía gritar
como poseída ante su mirada perversa.
- Así bebita siéntela hasta el fondo.
Me soltó y me dijo que siguiera yo sola, pero con la misma
velocidad.
- Continua perra. Si paras antes de que te lo permita te
pondré una paliza.
A Angélica la tomó de los cabellos y la empezó a besar más
fuerte que como lo hizo al principio. La soltó y la empezó a masturbar, sacaba
los dedos de la concha de Angélica y la hacía chupar sus jugos. Yo no paraba de
jadear y gritar de placer. No sé cuánto tiempo estuve ahí, ni cuántas veces me
vine, no aguanté más y le dije:
- Por favor ama ya no puedo más.
- Esta bien putita, pero la próxima vez tendrás que aguantar
más.
Me desplomé cayendo en sus pechos, sin tener más fuerza para
levantarme y sacarme el pene. Me tomó de la cintura y me desensartó de aquella
tranca. Me acostó, me metió un dedo en mi concha y lo sacó empapado de jugos.
- Qué perrita tan caliente eres. Mira cómo quedaste de
empapada.
Lo chupó y después me lo metió en la boca haciéndome que lo
chupara hasta quedarme dormida mientras que ensartaba a Angélica.
No sé cuánto tiempo dormí, pero desperté por los gritos de
Angélica que se venía de la cogida que le estaba dando Rosa. Ella también quedó
rendida. Rosa la levantó y la puso junto a mí. Rosa se paró y se quitó la
tanga.
- Miren que empapada dejé la tanga, ustedes dos perras me
calientan tanto con su sumisión.
Me restregó la tanga en la cara untándome todo su jugo e hizo
que Angélica me la lamiera.
- Vengan ahora les voy a dar su premio por portarse bien.
Nos arrastró hasta el baño que tiene en su oficina, nos jaló
por la correa y nos metió a la regadera, nos hizo acostarnos en el piso y nos
ordenó que nos besáramos. Ahí empezó a masturbarse un poco y luego se empezó a
orinar en nuestros rostros mientras nos besábamos. Eso fue muy excitante.
Nos quitó las esposas y el bozal, abrió la llave de la
regadera y nos bañamos las tres. Nos cambiamos y salimos. Rosa me llevó a mi
casa y me dijo que me esperaba al siguiente día para seguir jugando no sin
antes darme un beso como ella sabe y un buen par de nalgadas. Esa noche dormí
profundamente esperando el siguiente día para poder estar de nuevo con ella y
entregarme a todos sus deseos.
Después de eso seguimos cogiendo en diferentes lugares, siendo
yo siempre la sumisa y ella mi ama a veces cariñosa y otras bastante ruda, pero
yo siempre disfruto.
Comentarios
Publicar un comentario