Los Deseos Ocultos de Daniela
Dani (Daniela) es una guapa chica argentina, alta, delgada, con el pelo claro y media melena, a la que le gusta vestir de una manera informal y que siempre ha llamado la atención por el tamaño y volumen de sus tetas.
Nació en Córdoba en el año 1974 por lo que en los próximos meses cumplirá treinta y ocho años, aunque no los representa ya que se conserva muy joven y parece una autentica jovencita. Su madre, tras dar a luz, comenzó a tener algunos desarreglos que derivaron en unos importantes problemas vaginales. Después de seguir sin éxito varios tratamientos, cuándo la operaron para vaciarla vaginalmente el cáncer estaba muy extendido y falleció pocos meses más tarde dejando a Daniela con poco más de un año.
Su padre, un poco agobiado,
volvió a casarse con una mujer doce años más joven que él con la que estaba
manteniendo relaciones sexuales desde que su difunta mujer enfermó y con la que
tuvo otras dos hijas antes de fallecer. Sus dolencias coronarias no pudieron
aguantar la intensa actividad sexual que llevaba a cabo con su joven e
insaciable esposa. Daniela acababa de cumplir cinco años. A los doce y en
compañía de su madre y sus hermanas adoptivas, se trasladó a Buenos aires donde
acabó sus estudios colegiales y realizó los universitarios.
Siempre se ha considerado bisexual. Desde que comenzó con sus
ciclos menstruales y aunque nunca participó activamente en ello, su madre
adoptiva estuvo pendiente de que la mayoría de las noches, cuándo se acostaba,
usara sus dedos para masturbarse con intención de reducir sus necesidades
sexuales. Pero Daniela sentía una especial predilección por los hombres
“maduros” de los que comentaba que, al tener mucha experiencia,
Sabían satisfacer mucho mejor a las chicas jóvenes y con quince años hizo amistad con un hombre muy agradable, elegante y simpático, próximo a los cuarenta años, casado y con tres hijos que, según la explicó, residía cerca del instituto en el que estudiaba. Durante meses se limitaron a hablar y a pasear juntos y el hombre, llamado Andres, sorprendido de que con el cuerpo de que disponía aún estuviera virgen, se convirtió en una especie de consejero sexual que demostró un especial interés por enseñarla a controlar sus reglas para poder determinar los días de mayor fertilidad para que pudiera disfrutar del sexo evitando que, si no lo deseaba, la dejaran preñada.
Un día la hizo acompañarle hasta el garaje del edificio en el que la dijo que vivía y entrar en una plaza cerrada donde Andres le comentó que se había “tomado” a muchas mujeres aunque a ella, de momento, no tenía el propósito de follársela y lo que pretendía era “divertirse y jugar” mientras Daniela empezaba a sentirse mujer y poco a poco, la convertía en una maraca excepcional.
La pidió que se desnudara de cintura para arriba para poder verla sus grandes y voluminosas tetas y Daniela, convencida de que obraba adecuadamente, lo hizo. Andres, acercándose a ella, empezó a apretárselas y a tirarlas de los pezones mientras la decía: “¿te mojas, guapa?”. Mientras se las mamaba se ocupó de que la minifalda de Daniela cayera hasta sus tobillos y que la lencería quedara a la altura de sus rodillas para, tras tocarla y acariciarle las nalgas y la raja del culo, introducirla dos dedos en la conchita y masturbarla haciendo que Daniela se corriera tres veces y las dos últimas casi seguidas.
En cuanto la extrajo los
dedos dejó de chuparla las tetas y tras recrearse viéndola desnuda, la sobó
durante muchos minutos antes de permitir que se vistiera para salir de allí.
Este tipo de encuentros se produjeron una ó dos veces a la semana y su desarrollo
siempre fue similar excepto en que el hombre no tardó en conseguir que Daniela
llegara al garaje con la vejiga urinaria bien llena para que, tras desnudarse,
le mojara la verga completamente erecto con sus chorros de meado y que Andres,
tras ocuparse de sus tetas, se colocaba de rodillas delante de sus abiertas
piernas para masturbarla sin apartar sus ojos de la abierta y húmeda almeja de
la chica, estar muy pendiente de sus corridas y no perderse el menor detalle de
ellas. Sin verse obligado a forzarla demasiado, lo habitual era que en menos de
diez minutos Daniela alcanzara el orgasmo en tres ó cuatro ocasiones.
Después de varios meses así, un sábado quedaron en pasar
juntos la tarde en los concurridos y famosos Jardines de Luxemburgo. Daniela
llegó a la cita vestida en plan muy sugerente y en cuanto Andres la vio, se
apresuró a acercarse a ella para situarla detrás de unos árboles donde la
levantó la parte delantera de la corta falda que llevaba puesta y tras cogerla
del culo para apretarla contra él, se restregó mientras la besaba.
No tardó en quitarla el calzón, que se apresuró a guardar en uno de los bolsillos y en bajarse la cremallera del pantalón para volver a subirla la falda y seguir restregándose. Daniela notó perfectamente que el pico se le ponía totalmente tieso y aunque no está segura, cree que acabo. Después de aquel “recibimiento” decidieron ir paseando hasta la zona en la que se encuentran los lagos donde, a pesar de que a Daniela no le gustaba, la levantó varias veces la falda tanto por delante como por detrás alegando que todo el mundo tenía derecho a ver lo “buena y maciza” que estaba.
Cuando se sentaron en un banco hizo que Daniela dejara al descubierto sus tetas y tras mamárselas durante un buen rato, la obligó a ponerse en cuclillas y con las piernas bien abiertas encima del banco. Sin importarle que Daniela se encontrara incomoda observando que todos los que pasaban los miraran, la introdujo un dedo en el culo y dos en la cosita y la masturbó con energía. Los hurgamientos anales de Andres y su primer orgasmo hicieron que Daniela se cagara cosa que le encantó a su amigo que siguió masturbándola y hurgándola en el culo hasta que, diez minutos más tarde, la chica llegó por quinta vez al clímax.
En pleno orgasmo Andres la preguntó que si todavía estaba “calentona” y Daniela le contestó que se iba a mear de gusto. Su amigo la extrajo todos los dedos y la chica, sin poder evitarlo, echó unos abundantes y largos chorros de meado mientras que por su culo volvía a salir más mierda. El hombre acariciándose el pico por encima del pantalón mientras la veía, se puso de pie en cuanto acabó y la hizo meterse entre unos matorrales próximos donde se bajó el pantalón y al calzoncillo. Daniela vio que tenía un pico descomunal y que estaba completamente empalmado.
Haciendo que se diera la
vuelta y se doblara convenientemente, la levantó la falda y sin la menor
contemplación la introdujo el “instrumento” vaginalmente para empezar a bombear
mientras lograba que Daniela colaborara moviéndose al mismo ritmo que él.
Cogiéndola con sus manos las tetas, que la chica aún tenía al descubierto, se
las apretó con fuerza y la dijo: “que buena que estás y el gusto que siento con
mi verga en tu interior”. Enseguida Andres la echó una fabulosa cantidad de
leche con la que Daniela volvió a alcanzar un nuevo orgasmo y se la siguió bombeando
con movimientos muy rápidos diciéndola: “me tan caliente que voy a echarte más
leche” cosa que hizo, inmerso en un intensísimo gusto, unos cinco minutos
después para terminar méandose con la verga dentro de la cosita de Daniela. Cuando
se la sacó, hizo que la chica se colocara en cuclillas delante de él y que se
la chupara hasta que, cuando estuvo a punto de volverse a correr, decidió
movérsela con su mano para echarla la leche en las tetas. Después de que,
durante varios minutos, volviera a tocar a Daniela alabando, una vez más, su
abierto y húmeda conchita, se vistieron y antes de despedirse dieron un corto
paseo por el recinto durante el cual Andres introdujo muchas veces una de sus
manos por debajo de la falda de Daniela para tocarla la concha y el culo.
Desde aquel día sus contactos en el garaje fueron menos
frecuentes al mismo tiempo que sus encuentros en los Jardines de Luxemburgo los
sábados por la tarde se convirtieron en habituales. En uno de ellos la comentó
que, a cuenta de lo mucho que le “ponía” su relación con la chica, había dejado
preñada por cuarta vez a su mujer y que como durante el embarazo se iba a
reducir de forma considerable el poder meterla vaginalmente, confiaba en que Daniela
se prodigara en chuparle el pico y en permitir que se lo metiera en la cosita.
La tarde de un caluroso sábado la propuso quedar al día siguiente en una vivienda que le dejaba un amigo con el propósito de poder “lavarla” con menos calor y más intimidad. Daniela aceptó. Cuando llegaron a la vivienda se encontraron acostada boca arriba en la amplia cama de la habitación a Brigitte, la mujer de su amigo, vestida, únicamente, con una lencería de color rojo con transparencias. Mientras Daniela se percataba de que la fémina se debía de haber estado “haciendo unos dedos” ya que su prenda íntima estaba mojada, la mujer les dijo que, aunque no pensaba participar activamente, quería verlas.
Aunque aquello no estaba previsto y Andres y Daniela se sintieron bastante incómodos, se desnudaron y se acostaron al lado de la mujer que, mientras los veía, se dedicó a aconsejar a Daniela que para acrecentar el placer a Andres le tocara la raja del culo, le metiera bien profundo un dedo dentro del ano para buscarle la próstata y le acariciara los huevos. Después de que Andres la echara por primera vez la leche encima de ella, Daniela le cabalgó hasta que su amigo se corrió por segunda vez y tras ello, la soltó dentro de la cosita una larga y copiosa meada que la resultó muy gratificante. Acto seguido, Brigitte sugirió que Daniela se colocara a cuatro patas y en cuanto lo hizo, la mujer, tras acariciársela, la apretó la concha y Daniela, que llevaba varios minutos aguantándose, no pudo evitar mearse echando unos chorros impresionantes al más puro estilo fuente.
Andres, sumamente excitado por la meada de Daniela y sin dejar que cambiara de posición, volvió a meterla el pico vaginalmente lo que Brigitte aprovechó para introducirle a él dos dedos en el culo con la intención de hurgarle con ellos haciendo que no tardara en volverse a correr tras lo cual Andres, incitado por Brigitte, la sacó el pico y sin pensárselo, se lo metió a Daniela por el culo. A pesar de que la chica gritó desesperada y le llamó de todo, resultaba bastante evidente que su amigo estaba disfrutando mientras la enculaba. Brigitte, poniéndose de rodillas al lado de la pareja, la dijo a Daniela que aguantara y que apretara su culo contra el pico de Andres.
Cogiéndola con sus manos las tetas empezó a tirar de ellas como si la ordeñara al mismo tiempo que se besaba con el hombre que la acabara de prometer que se la iba a culiar en cuanto terminara con la chica. Aunque Daniela, sintiendo al mismo tiempo dolor y gusto. El hombre, no tardó en correrse abundantemente dentro del culo de la chica para, una vez más, mearse en su interior en cuanto dejó de echarla la leche. La enculó un poco más mientras la mujer buscaba un orinal para que, al sacársela, se tumbó en la cama boca abajo mientras Brigitte, tras limpiar meticulosamente el pico de Andres, se acostaba boca arriba y separaba la parte textil de su tanga de la raja vaginal para que Andres se echara sobre ella, la penetrara vaginalmente y la hara de él. Metiéndole dos dedos en el culo para que sintiera un mayor gusto, le obligó a hacérselo con movimientos muy rápidos. La mujer no dejaba de decir: “sigue así, hijo de puta, hasta que me llenes la cosita de leche” y llegó varias veces al clímax mientras Andres necesitó más de diez minutos para que fuera más que evidente que se encontraba a punto de echarla la leche. Brigitte le dijo: “échamela ahora que yo también me vuelvo a correr” y efectivamente, pocos segundos después y mientras Andres la soltaba la leche, la mujer, convulsionándose, alcanzó un orgasmo impresionante.
Andres que las había demostrado que, aparte de disponer de un pico excepcional, gordo y duro, tenía una potencia sexual encomiable se la siguió culiando hasta que, completamente agotado, se la sacó. Brigitte le llamó algo así como “puto maraco” y le dijo que descansara mientras se dedicaba a masturbar a Daniela que, enseguida, alcanzó dos orgasmos prácticamente seguidos. Después se dirigieron al water con intención de darse una buena ducha en la que emplearon bastante tiempo ya que Brigitte se dedicó a tocar a Daniela hasta la saciedad.
Cuando salieron de la ducha y empezaron a secarse, la mujer la comentó que la gustaría iniciarla en el sexo lesbico antes de que aquel “maraco” lo hiciera, como a otras chicas, un buen bombo sin querer saber nada de su responsabilidad. Brigitte la contó, en poco tiempo, tantas cosas sobre la actividad sexual que Andres llevaba a cabo con chicas jóvenes que Daniela decidió olvidarse de él para ponerse en manos de Brigitte que la aconsejó que el próximo día que quedaran y cuándo más entonado se encontrara, le insinuara que podía estar en estado.
Después de que Daniela volviera a cagar, regresaron completamente desnudas a la habitación viendo que Andres se había quedado dormido boca abajo. Como Daniela la comentó que sentía muchas molestias en el culo Brigitte procedió a darla una buena cantidad de crema relajante en el culo mientras le decía que la iba a demostrar el “inusitado interés” que aquel hombre tenía por ella. Acariciándole el pelo lo despertó y Andres, dándose la vuelta, las miró con detenimiento mientras el pico se le volvía a poner tieso. Dirigiéndose a Daniela le dijo que así, completamente desnuda y con las piernas bien abiertas, era como mejor estaba. Pero ante la sorpresa de la chica, Andres cogió de los brazos a Brigitte y la obligó a echarse encima de él. Brigitte, tras mirar a Daniela, le dijo: “te aseguro que no me vas a olvidar con facilidad pues hoy, además de salir con los huevos secos, vas a acabar con el pico cocido por un montón de días”.
Dejando que Andres la
penetrara vaginalmente, Brigitte cerró sus piernas y empezó a moverse
diciéndole que así, sobre él y con las piernas cerradas, era como más se
excitaba y alcanzaba más orgasmos. Daniela esperó, pero al ver que, después de
que Andres se corriera, siguieron moviéndose sin cambiar de posición, optó por
vestirse y volver a su casa.
Daniela llamó por teléfono a Brigitte al día siguiente. La
mujer se interesó por conocer si con su actuación había conseguido demostrarla
que, a pesar de las promesas que Andres la hubiera hecho, en cuanto otra fémina
viciosa, en este caso ella, se había cruzado en su camino la había dejado a un
lado. Daniela entendió la lección y siguiendo los consejos de Brigitte, el
sábado siguiente acudió a su cita con Andres en los Jardines de Luxemburgo pero
se mostró sumamente reprimida lo que hizo que el hombre acabara por enfadarse y
haciendo que se apoyara en un árbol y se doblara, la bajó la tanga y empezó a
acariciarla la cosita. Daniela se dejó hacer y cuándo estaba a punto de meterla
el pico le preguntó: “¿a cuentas jóvenes has dejado preñadas?”. Andres le
contestó que a ninguna.
Daniela permitió que la penetrara vaginalmente y cuándo empezó a moverse le comentó que llevaba un considerable retraso con su regla y que, al parecer, era a consecuencia de que la había dejado en estado. El hombre, sacándola el pico y haciendo que se volviera, la preguntó: “¿te has hecho ya la prueba?”. Daniela le contestó afirmativamente con la cabeza y Andres le dijo que se subiera el calzón.
El resto de la tarde estuvo ausente y no demostró el menor interés sexual. Como era de suponer no acudió a su cita el sábado siguiente y Daniela, además de enterarse de que alquilaba por horas el garaje donde solía llevar a cabo sus contactos sexuales, no volvió a saber de él y comenzó su relación con Brigitte que se limitaba a tocarla y sobarla sin límites antes de que, con Daniela colocada en cuclillas, la masturbara y la hurgara en el ano hasta que, cuándo alcanzaba tres ó cuatro orgasmos, procedía a efectuarla unos buenos vaciados, tanto anales como vaginales, poniéndola unos enemas. No era mucho, pero a Daniela le gustaba y se encontraba muy a gusto relacionándose sexualmente con ella. Pero un día el marido de Brigitte llegó a casa antes de tiempo y sin hacer ruido, las sorprendió cuándo Brigitte estaba poniéndola el segundo enema vaginal consecutivo.
Llamando a su mujer “puta maraca”
y diciéndole que realizaba con otros lo que no hacía con él, empezó a pegarle
mientras Daniela, sin poder evitar mearse a chorros, recogió su ropa para,
completamente desnuda y dejando tras de sí un reguero de meado, salir
precipitadamente de la vivienda. Para colmo cuándo bajaba por las escaleras se
encontró con dos hombres que intentaron detenerla sin éxito y la dijeron a
gritos: “guapa, ¿quieres un poco de pico?”. Avergonzada y muy nerviosa, no
logró vestirse y con prisa, hasta llegar al portal. Durante días llamó varias
veces y a distintas horas a Brigitte por teléfono, pero, cuándo lo cogían,
siempre se ponía el marido. Después de haberse iniciado tanto en plan hetero
como lésbico, su vida sexual siguió siendo sumamente activa al mismo tiempo
que, a cuenta de sus experiencias, resultaba mucho más tranquila.
Como tiene mucha facilidad para los idiomas y además le gusta,
cuándo acabó sus estudios en el instituto se centró en este tema de manera que,
aparte del francés, habla perfectamente alemán, español e inglés. Durante los
veranos aprovechaba para desplazarse a centro américa y en concreto donde podía
perfeccionar sus conocimientos del idioma en los cursos para extranjeros que
todos los años se desarrollan en la capital.
Además de estudiar, siempre que la era posible salía de “marcha” nocturna y le encantaba que, aunque mucho menos directos que los franceses, los chicos españoles fueran ardientes, calientes, morbosos y viciosos. En aquellos años los temas sexuales todavía seguían siendo tabú aquí y mientras en Francia eran prácticas habituales, pocas mujeres españolas se encontraban dispuestas a practicar con sus parejas el sexo anal u oral. Los hombres, que estaban muy reprimidos sexualmente, tenían la idea de que todas las extranjeras eran mucho más putas que las nacionales y los chicos demostraban un interés muy especial por salir con las chicas, mayormente caribeñas, que asistían a estos cursos para intentar “meterlas mano” en las márgenes del río. Aunque no conseguía hacerse a la correcta pronunciación de la erre española que convertía en ge, como Daniela llamaba la atención por sus tetas y no era ninguna estrecha no la faltaban invitaciones, que ella aceptaba siempre que el chico la gustara, para ir dando un paseo hasta el río y al llegar al lugar adecuado se escondían entre unos árboles para quedarse unas veces en bikini y otras en ropa interior permitiendo que su pareja la tocara y sobara a conciencia, comprobando que sus tetas eran enormes y estaban bien duras y que sus labios siempre se encontraban abiertas y húmeda.
Después se besaban y tras deleitar a su pareja chupándole el pico durante unos minutos, le hacía una paja con corridas que, generalmente, eran abundantes y rápidas. Recuerda con agrado que el día en que celebraron el final de uno de estos cursos en una discoteca la acompañó el chico con el que más se había prodigado en sus visitas a la orilla del río. Al poco tiempo de llegar y tras bailar un rato abrazados, tuvo que aliviarle el “calentón” en el water de caballeros del establecimiento haciéndole una paja. Pero el chico no tardó en volver a ponerse cachondo y al acabar la discoteca, la hizo entrar en el primer portal que encontró abierto donde se apresuró a bajarse el pantalón y el calzoncillo para, a continuación, hacer descender el calzón de Daniela hasta sus rodillas, levantarla la falda, meterla el pico vaginalmente y movernos rico para, a los pocos segundos y en medio de un gusto descomunal, echarla una gran ración de leche.
Como el chico tenía ganas de más, la agarró el culo con sus manos y se la siguió cogiendo hasta que, unos diez minutos más tarde y tras aguantar todo lo que pudo para poder disfrutar más de aquellos momentos, la volvió a echar otra buena cantidad de leche. Asimismo, recordaba que en uno de los viajes que efectuaron a Madrid con fines culturales una noche lo hizo en plena calle con un joven que, tras quitarla la falda y el calzón, se bajó ligeramente el pantalón para, con el calzoncillo al descubierto, “cepillársela” en la puerta de acceso a una obra y a la vista de todo el mundo.
Cuando acudió por tercer año consecutivo a los cursos de verano una de las profesoras la ofreció trabajo como traductora. Como su madre adoptiva se había liado con un hombre que, tras hacerla otros tres hijos, la explotaba sexualmente y de sus hermanas hacía bastante tiempo que había dejado de tener noticias, decidió aceptarlo y quedarse a vivir en Burgos donde se hizo con una pequeña vivienda en alquiler, logró la doble nacionalidad y empezó a compaginar el trabajo que la habían ofrecido con otro de administrativo a tiempo parcial. Además, realizaba algunas traducciones en su domicilio y como físicamente complacía a todos los hombres la contrataron como azafata de congresos con lo que, al no poner el menor inconveniente cuándo la pedían que se acostara con alguno de los asistentes, obtenía unos ingresos sensacionales. Aunque Daniela siempre ha sido muy meona y desde pequeña tiene ligeras pérdidas de orina, una compleja infección vaginal que no fue tratada convenientemente en su día la dejó como secuelas una especial predisposición a padecer cistitis y una incontinencia urinaria que la ocasionaba frecuentes pérdidas de meado y que se la saliera fácilmente la meada en ciertas ocasiones como cuándo su zona genital se veía afectada por un cambio de temperatura brusco, pasaba de un ambiente húmedo a otro seco ó en los momentos de mayor excitación durante el acto sexual.
Un médico la indicó que la
única solución era intervenirla quirúrgicamente con el propósito de reducirla
el tamaño de la vejiga urinaria pero viendo que nadie la aseguraba que la
operación iba a solucionar su problema por completo y que otros médicos la desaconsejaban
pasar por el quirófano ya que podía llegar a ocasionarla diversas
contrariedades sexuales siendo la más importante el verse incapacitada para
tener hijos, descartó la operación y prefirió seguir como estaba.
A pesar de que su incontinencia urinaria se convertía muchas
veces en un handicap durante la práctica sexual, no la faltaba con quien
acostarse y después de probar con unos y con otros, viendo que se estaba
acercando a los treinta años decidió casarse, tras algo más de un año de
noviazgo, con un hombre mayor que ella que al disfrutar de una buena posición
económica la permitió, aunque continuó ejerciendo como azafata y realizando
traducciones en su casa hasta que quedó embarazada por primera vez, dejar de
trabajar para dedicarse de manera casi exclusiva a las labores domésticas.
Parecía que la mayor beneficiada por su matrimonio era Maravillas, la hermana de su marido, que, aunque en aquel entonces vivía con un chico joven, pasaba más tiempo en su casa que en la suya. A Daniela no la importaba puesto que la ayudaba y estaba muy pendiente de ella, aunque había veces que la fastidiaba que quisiera estar tan informada de la actividad sexual que desarrollaba con su hermano al interesarse por saber y con todo detalle, las veces que lo hacían; cuándo y cómo la había penetrado; cómo se lo había hecho; los orgasmos que había alcanzado; lo que había tardado en echarla la leche y demás cosas afines.
Aunque Maravillas se terminó convirtiendo en una especie de sexóloga se hicieron amigas. Un día decidieron ir juntas a una piscina y aunque Daniela no quería más que tomar el sol, Maravillas se empeñó en meterse juntas en el agua. No estuvieron mucho tiempo dentro, pero, cuándo Daniela estaba subiendo las escaleras para salir de la piscina, no puso evitar mearse y Maravillas, al verlo, le dijo que se volviera a meter en el agua hasta que acabara y en cuanto lo hizo, la pasó su mano extendida por la parte delantera de la tanga del bikini mientras Daniela echaba a chorros el meado. En cuanto terminó subieron la escalera. Maravillas, visiblemente excitada, la tomo de la mano y la hizo ir con ella al vestuario femenino donde, tras despojarla del sujetador del bikini, la metió la mano entre la tanga y después de acariciarla unos instantes la raja vaginal, la masturbó.
Aunque Daniela se encontraba un tanto incomoda mientras Maravillas la sonreía sin dejar de estar pendiente de su corrida, no pudo evitar llegar al clímax enseguida y sin que su cuñada dejara de masturbarla volvió a mearse. Maravillas, al ver que echaba otra vez su meada, empezó a gemir y bajándose ligeramente la tanga de su bikini, la pidió que la tocara la conchita con lo que, unos segundos después, se corrió. Desde aquel día cada vez que iban a una piscina, se metían juntas en el agua y en cuanto llegaban a un sitio en que cubriera, Maravillas no dudaba en bajar a Daniela la tanga del bikini para tocarla y apretarla la cosita hasta que lograba que se meara dentro del agua consiguiendo que, aunque al salir del agua solía echar unos cortos chorros de “pipi”, Daniela no volviera a verse en una situación tan comprometida. El mamarla las tetas y masturbarla para seguir verificando que Daniela era una mujer que se corría con suma facilidad quedaba para el final cuándo, tras ducharse, entraban en los vestuarios para cambiarse de ropa.
Maravillas, después de intercambiar la tanga de su bikini con el de Daniela, conseguía en pocos minutos que su cuñada se corriera y se meara con la tanga puesta. Al acabar el verano esta relación sexual decreció considerablemente a cuenta de que Maravillas, tras deshacerse del chico con el que vivía, se había convertido en la pareja estable de una joven universitaria a la que alojaba en su casa. No obstante, era habitual que una o dos veces al mes Maravillas y su pareja se recrearan con el excepcional cuerpo de Daniela, tocándola y sobándola por todos los lados durante muchos minutos hasta que, tras introducirla un consolador en el ano, la masturbaban y la comían la cosita haciendo que Daniela alcanzara en poco tiempo tres o cuatro orgasmos que siempre iban acompañados, en menor o mayor cantidad, de unos buenos chorros de meaedo lo que era suficiente para calentar a Maravillas que, con sólo tocarse, se corría y para que su amiga quedara de lo más predispuesta de cara a seguir la sesión, en la que Daniela no solía participar activamente, con Maravillas y su amiga como protagonistas. Como su cuñada tenía una especial predisposición por el vídeo, no tardó en grabar, utilizando cámaras fijas y móviles, la actividad sexual que desarrollaban cada vez que Daniela lo realizaba con ellas. A pesar de que Maravillas sabía “ponerla a tono” y que la actividad sexual que desarrollaba con su marido era muy intensa, Daniela no conseguía su propósito de quedar preñada por lo que, tras más de dos años intentándolo sin éxito y temiendo que fuera una secuela más de sus frecuentes cistitis y de su incontinencia urinaria, se sometió a un tratamiento de fertilidad que la permitió lograr su anhelado embarazo.
Pero el tratamiento en
cuestión, aparte de agravar sus problemas vaginales, hizo que en dos años
escasos tuviera a sus hijos, Alicia y Javier. Ante el temor de continuar
pariendo un hijo por año y hacer que su familia se convirtiera en numerosa,
tras el nacimiento de Javier decidió hacerse la ligadura de trompas ya que,
ante todo, quería seguir disfrutando del pico de su marido introducido dentro
de su cosita y de las copiosas cantidades de leche que la echaba. Felipe, su
marido, es un hombre de corrida única pero que, con sus continuos cambios en el
ritmo de penetración, emplea su tiempo para correrse y le encanta que Daniela
se mee en cuanto contrae los músculos vaginales para alcanzar el clímax y la
salida de sus chorros de meado mientras se la cogía, cuándo los movimientos se
lo permiten, le excita de tal manera que no tarda en echarla una buena ración
de leche con la que Daniela suele llegar, de nuevo, al orgasmo.
Durante los meses de verano, aparte de acudir un par de veces
al mes a una piscina en compañía de Maravillas con el ritual de costumbre, su
actividad sexual con Felipe suele incrementarse sobre todo porque le “pone”
que, en cuanto acuestan a los niños, Daniela se quede en tanga y con un
diminuto bikini estampado que la resalta aún más las tetas. Muchos días,
especialmente durante su periodo vacacional y además de hacerlo por la noche,
se suelen acostar al acabar de comer para que, después de chuparle unos minutos
el pico, Felipe la come la cosita y la penetre vaginalmente hasta que, tras
echarla la leche, pierde por completo la erección. Pero en el año 2006 todo se
complicó y su marido se vio envuelto en diversos problemas laborales que
redujeron a la mitad sus vacaciones y afectaron a sus relaciones sexuales ya
que, además de disminuir en frecuencia, Felipe se lo hacía con movimientos
constantes muy rápidos lo que originaba que se corriera en pocos minutos y que,
en muchas ocasiones, aunque Daniela llegara al orgasmo este no fuera tan
intenso como para que se meara de gusto. Esta situación la hizo convertirse en
una mujer “cómoda” en el aspecto sexual hasta el punto de llegar a reconocer
que no la importaba que su marido se estuviera acostando con otras féminas
mientras a ella, a pesar de que a veces se tenía que “hacer unos dedos”, no la
incordiara mucho en la cama excepto durante el verano y las fiestas de Navidad
en que, al ser las épocas en que se encontraba más salida y predispuesta,
mantenían una mayor actividad sexual.
Durante este periodo de
“dejadez” empezó a gustarla que, acostada boca arriba en la cama, Felipe se
colocara de rodillas encima de ella a la altura de sus tetas bien abierto de
piernas y que mientras le acariciaba el culo y los huevos, se moviera el pico
con su mano hasta el momento en que, tras echarla los primeros chorros de leche
en las tetas y en la cara, se apresuraba a metérsela vaginalmente para que los
restantes la cayeran dentro y follársela, echado sobre ella, con movimientos
rápidos hasta que perdía la erección.
Cuándo se inició el curso escolar coincidió en el colegio al
que iban sus hijos con Felicidad (Feli), cuyo hijo más pequeño acudía por
primer año, con la que la unía una buena amistad tras haber sido la matrona que
la atendió en sus dos partos y que, teniendo una reconocida fama de “saca
leches”, se viera obligada a recurrir a ella después de dar a luz a sus hijos
para que, diariamente y al igual que hacía su marido por la noche y en algunas
ocasiones Maravillas y su pareja, la mamara las tetas extrayéndola la gran
cantidad de leche que almacenaba en ellas puesto que sus hijos se acostumbraron
con rapidez a los biberones y solamente se tomaban una mínima parte de su
contenido.
Quedaron varios días para tomar un café y al acercarse las fiestas de Navidad Daniela la habló de que a Felipe y a ella les habían invitado a asistir a un cotillón el día de Nochevieja en el que la etiqueta era obligatoria y tenía que comprarse un traje de fiesta sin saber exactamente donde adquirirlo ni el modelo que coger. Feli le dijo que no gastara dinero a lo tonto ya que tenía guardado uno muy bonito que sólo se había puesto una vez y que, a ella al ser más delgada, la quedaría impecable. Al día siguiente, tras llevar a su hijo al colegio para su jornada de tarde, Feli esperó la llegaba de Daniela con el vestido en una bolsa. En cuanto estuvieron juntas y a pesar de que Daniela pensaba probárselo en su casa tranquilamente, Feli se empeñó en que se lo pusiera delante de ella con la intención de, si era necesario arreglárselo.
Para que Daniela se lo probara con la mayor intimidad posible entraron en el polideportivo del centro escolar dirigiéndose al amplio water allí existente donde se sorprendieron al encontrarse con una pareja en plena acción sin importarles que el pestillo de la puerta estuviera bloqueado. Con la puerta entreabierta y su ropa esparcida por el suelo, la mujer, que era mayor, tenía unas tetas grandísimas y debía de ser la abuela de alguna de las alumnas del colegio, estaba cabalgando a un chico mucho más joven que ella que evidentemente se acababa de correr dentro de su cosita. La mujer le dijo: “lo que se pierde la seca de tu mujer con su temor a que la vuelvas a dejar preñada con ese pico tan grande que tienes, lo bien que follas y la cantidad de leche que echas al correrte”. “Disfruta echándomela toda a mí”. El hombre la pidió que se incorporara para que se diera la vuelta y le cabalgara analmente lo que motivó que, antes de que se percataran de su presencia, Daniela y Feli dejaran de mirar para irse a la zona de duchas del vestuario femenino donde Feli sacó el vestido de la bolsa.
A Daniela le encantó, pero la pareció muy corto y le dijo que era tan atrevido que, si se decidía a ponérselo, iba a tener que estar pendiente de no agacharse y de cruzar sus piernas cada vez que se sentara si no quería lucir la tanga que llevara puesta. Aunque Daniela pensaba en un vestido largo, Feli la animó a probárselo y después de conseguir que se quedara en ropa interior, la despojó del sostén diciéndole que aquel vestido, al dejar la espalda al descubierto, tenía que llevarlo sin esa prenda lo que iba a posibilitar que más de un hombre se “calentara” viéndola, a través del escote, el canalillo y el volumen de sus tetas. Feli sabía que a Daniela le gustaba que fuera tan sumamente lanzada por lo que, poniéndose delante de ella, no dudó en apretarla las tetas con ambas manos. Daniela apretándoselas y tirando de sus pezones, confirmaba lo que su amiga la había comentado con respecto a que, aunque fuera en poca cantidad, todavía tenía leche en las tetas. Después de ver como la salían las primeras gotas, se las chupó y viendo a Daniela muy entonada, la bajó un poco la tanga y tras acariciarla unos instantes la raja vaginal, la metió dos dedos en la cosita y la masturbó con energía logrando que en menos de dos minutos alcanzara el clímax con tal intensidad que, acto seguido, echó una meada abundante y larga con la que empapó toda su tanga. Feli, después de extraerlos de la concha de su amiga, se chupó los dedos y tras dejar que Daniela se limpiara y se despojara de la tanga completamente mojada en su meado, la ayudó a ponerse el vestido.
Fue entonces cuando Daniela
vio que, además de escotado y al ser más alta que Feli, la quedaba muy corto y
que al tener unas amplísimas aberturas laterales dejaba al descubierto parte de
la tanga a lo que Feli le dijo que, para evitarlo, se pusiera un tanga y unos
pantys negros a juego con el vestido que era de ese color. Aunque Daniela
comentó que se veía como una puta barata, Feli la contestó que la quedaba muy
bien y que la permitía lucir todos sus encantos. Como era evidente que Daniela
seguía estando muy caliente, Feli la metió la mano por un lateral del vestido y
la acarició durante un buen rato la masa glútea antes de pasarla dos dedos por
la raja del culo. Cada vez que llegaba al ano se detenía y hacía intención de
metérselos dentro. Su amiga, acto seguido, se ocupó de acariciarla la cosita mientras,
con intención de excitarla más, la decía: “¿a qué quieres acabar otra vez, maraca?”.
Sorprendentemente, aquello fue suficiente para que Daniela llegara al clímax
por segunda vez y para que, aunque fuera en poca cantidad, se meara entre
convulsiones y gemidos.
Lo anterior sucedió un viernes y al acabar Daniela, que se
quedó con el vestido, la confesó a Feli que le había gustado mucho la actividad
sexual que habían llevado a cabo y que se había corrido con todas sus ganas.
Pero como no se planteaba el lucir tal “modelito” y tras decidir no comentar
nada al respecto con Feli, el sábado y acompañada por Maravillas, estuvo viendo
y probándose varios vestidos de fiestas hasta que, al final, se decidió a
comprar uno en tono grisáceo lleno de lentejuelas que vendían con todos los
complementos a juego y que aunque era muy escotado y dejaba la espalda al
descubierto, tenía la falda larga, tal y como ella quería y con una sola
abertura lateral que, además de no dejar parte de su tanga a la vista, no era
tan amplia ni descarada como las del vestido de Feli.
El lunes siguiente, a la misma hora, su amiga llegó al colegio
con una nueva bolsa en la mano y haciendo que Daniela la acompañara, volvieron
a entrar en el polideportivo para dirigirse directamente a las duchas del
vestuario femenino donde Feli se apresuró a vaciar la bolsa que iba repleta de
tangas y sujetadores junto con un bolso a juego con el vestido de fiesta y dos
picardías casi transparentes en los que, según le comentó, se la iban a marcar
a la perfección los pezones para que incitara a su marido a tener sexo rico.
Feli la comentó que todas las prendas estaban sin usar y que el tanga era lo
más apropiado para el vestido que se había probado el viernes anterior. Daniela
la explicó que no le gustaba ponerse tangas ya que la resultaba incomodo y
hasta molesto que la parte textil se la introdujera en la raja del culo e
incluso, al tenerla muy abierta, en la vaginal, pero como siempre, Feli se
salió con la suya y tras dejar a Daniela completamente desnuda comenzó a
probarla uno tras otro la variada colección de tangas que había llevado. Cuando
la puso uno realmente mermado de tela y con muchas transparencias la comentó
que con ese estaba para comérsela y atrayéndola hacía ella, la metió la parte
textil en la raja del culo y agarrando la tela que se encontraba en la parte
superior de su trasero empezó a tirar de ella para masturbarla al mismo tiempo
que con su mano izquierda la acariciaba la concha. Daniela, una vez más,
respondió de la manera más adecuada no tardando en correrse y hasta se meó
abundantemente antes de que Feli, al notar que Daniela la estaba mojando la
ropa con su meado, se separara de ella bastante contrariada y llamándola sucia.
Pero aquello no fue ningún obstáculo para que, tomando algunas precauciones de cara a la masiva salida de las meadas de Daniela tras sus orgasmos, sus contactos se siguieran produciendo, en el mismo sitio y a la misma hora, dos a tres veces a la semana. Además de masturbarla, Pero Feli encontró una buena “yegua” en una amiga de su hija mayor que había abortado unos meses antes y se vio obligada a hacerlo con ella casi a la misma hora en que lo realizaba con Daniela. Como ni la una ni la otra podían llevarlo a cabo regularmente a otra hora y no demostraron el menor interés por hacerlo juntas, Feli empezó a limitarse a introducir vaginalmente a Daniela dos o tres dedos para, sabiendo que se corría con facilidad y rapidez, masturbarla enérgicamente al mismo tiempo que la mamaba las tetas. En cuanto Daniela llegaba al orgasmo y Feli veía su excepcional meada, la sacaba los dedos, se los chupaba y sin esperar a que su amiga se limpiara y se vistiera, se iba en busca de la otra chica por la que empezó a demostrar un mayor interés sin olvidarse de que Daniela.
Mientras mantenía esta relación sexual, Daniela, como muchas
otras madres, se dio cuenta de que por las tardes, tanto a la hora de entrada
como de salida de los críos, se situaban en la puerta de acceso al colegio unas
cuantas chicas jóvenes, con catorce o quince años, a las que sus madres vestían
a lo hacían ellas mismas, de una forma muy provocativas para colocarse en
posiciones sugerentes buscando que sus propios compañeros o algún padre sin
muchos escrúpulos se fijaran en ellas para que, a cambio de determinados
regalos, de dinero, de cargas para el móvil o simplemente, de tabaco, se
dejaran tocar hasta la saciedad antes de realizarles una mamada o una paja.
Un día y como hacían la mayoría de los días lectivos, Daniela
y Feli entraron en el polideportivo y se dirigieron al vestuario femenino
ubicándose, como siempre, en el primer compartimiento de la zona de las duchas
que es el más amplio y dispone de una puerta metálica con cerrojo que cubre el
cuerpo aunque deja al descubierto la cabeza y las piernas. Como Feli tenía
prisa, en cuanto Daniela se desnudó la masturbó metiéndola tres dedos en la
cosita mientras la mamaba las tetas mordiéndola continuamente los pezones para
sacarla la poca leche que aún la quedaba en ellas. En menos de tres minutos Daniela
llegó al clímax y Feli, apretándola la vejiga urinaria, la incitó a que echara
una de sus abundantes meadas. Mientras Daniela, entre gemidos y jadeos,
expulsaba a chorros tipo fuente una ingente cantidad de pipi, Feli la comentó
que cada día era más puta y que la encantaba ver como se convulsionaba en los
momentos previos a sus corridas al mismo tiempo que la excitaba no perderse el
menor detalle de la salida de su meado.
Sacándola los dedos de su cosita, se los chupó y como casi siempre, tras pasarla la mano extendida por la raja vaginal y abrió el cerrojo y salió con rapidez del vestuario. Daniela, tras volver a encerrarse, se acababa de limpiar el coño y las piernas y estaba a punto de ponerse la tanga cuando entraron en el vestuario dos chicas jóvenes altas, delgadas y muy desarrolladas, que no tendrían más de dieciséis años, a las que había visto varios días emplazadas a la entrada del colegio en compañía de dos chicos que superaban los veinte años de edad y que, según pudo saber a medida que se fueron desarrollando los acontecimientos, eran hermanos y se llamaban Alvaro y Fernando. Una de ellas, al parecer sudamericana, tenía el pelo a mechas y vestía un jean muy ajustado mientras que la otra, que era española y morena, llevaba un vestido muy corto y unas botas negras por encima de las rodillas. Esta última, a la que su amiga llamó Lorena, les dijo a los chicos mientras estos colgaban su ropa de abrigo en unas perchas que allí, además de tener calor, nadie les molestaría.
Daniela, aunque se imaginó lo que iba a ocurrir, no supo que hacer y para que no se dieran cuenta de su presencia se aseguró de que la puerta estuviera bien cerrada y decidió permanecer allí, desnuda y con muy poca luz, callada y quieta mientras su curiosidad femenina hacía que se mostrara muy interesada por conocer lo que sucedía. Las chicas se apresuraron a ponerse en cuclillas delante de los chicos que, tras comentarlas que tenían que ser muy putas para satisfacerlos, se quitaron los pantalones y los calzoncillos.
Las crías, después de moverles el pico con una de sus manos, procedieron a chupárselo con esmero. Enseguida los chicos, con el “instrumento” bien tieso, las hicieron detenerse en su cometido y tras desnudarse por completo, Fernando, el mayor de ellos, se tumbó en el suelo y después de hacer que la chica que llevaba el pantalón ajustado, que se llamaba Gabriela, se quitara la ropa con una rapidez increíble, la dijo que se echara encima de él pero en posición contraria para hacer un sesenta y nueve de manera que mientras la cría le movía el pico con su mano y se lo pasaba por las tetas y los pezones, él, con sus manos en el culo de la chica para abrirla y cerrarla el ano continuamente obligándola a tirarse varios peos, la comía la cosita.
Gabriela le incitó a que la metiera la lengua muy profunda para darla un mayor gusto a cambio de volver a chuparle el pico en cuanto se corriera. Lorena, por su parte, permaneció en cuclillas delante de Álvaro, el más joven, realizándole y con todas sus ganas, una mamada. Pero como aquello no le satisfacía por completo, la agarró con fuerza de la cabeza y la obligó a meterse todo el pico en la boca. Sin importarle que la chica estuviera a punto de ahogarse en más de una ocasión ni sus continuas arcadas, le dijo que no iba a tardar en correrse y que tenía que tragarse toda la leche según se la fuera echando.
Eyaculó enseguida al mismo tiempo que la apretaba las tetas por encima de su ropa y Lorena, aunque algo se tragó, conservó la mayor parte de la leche en su boca y en cuanto Álvaro permitió que dejara de chuparle el pico, la escupió en el suelo en medio de un montón de nauseas. La cría le comentó que tenía que estar muy caliente para correrse con tanta rapidez, pero Álvaro, sin contestarla, se sentó en un banco. Lorena se sentó a su lado y se quitó las botas. Álvaro le dijo que se volviera a ponerse de pie y en cuanto lo hizo la subió la minifalda del vestido y la bajó el tanga de color negro hasta las rodillas para pasarla varias veces la mano extendida por la cosita interesándose por saber si solía tenerlo siempre tan húmedo. Después obligó a Lorena, con el tanga en sus rodillas, a ponerse a cuatro patas encima del banco para que le moviera el pico con su mano mientras Álvaro la tocaba los labios y el culo logrando que, en muy poco tiempo, la chica llegara al clímax en dos ocasiones prácticamente seguidas. A continuación, y en medio de los gemidos y jadeos de Gabriela que, a punto de alcanzar el orgasmo le había envuelto el pico en su florido tanga de color rosa, Fernando la echó una abundante cantidad de leche en las tetas haciendo que, en plena corrida, Gabriela se introdujera entero el “instrumento” en la boca y se lo chupara mientras él la metía la lengua en el ano.
Lorena, por su parte, seguía moviéndole el pico muy despacio a Álvaro, echándole con frecuencia saliva e incitándole a sentir mucho gusto y volviera a correrse. Cuando la leche volvió a aparecer, Lorena, que acababa de alcanzar un nuevo orgasmo, hizo que, sin dejar de movérsela, el esperma se repartiera por el cuerpo de Álvaro. La chica le dijo que, de nuevo, había echado una gran cantidad de leche, pero Álvaro, sin escucharla, la mandó que siguiera dándole gusto chupándole el pico a lo que la chica se opuso al igual que a limpiarle con su lengua la leche, aunque sí que permitió que Álvaro mojara dos de sus dedos repetidamente en su esperma para, bien untados, pasárselos lentamente por la raja vaginal mientras la sacaba fotografías con su móvil.
Álvaro despojó a Lorena de su tanga e hizo que permaneciera a cuatro sobre el banco para, tras ponerse detrás de ella y frotarla enérgicamente la cosita con su mano extendida, fotografiarla tanto la concha como el culo bien abierto por sus dedos. Después de lamerla el ano durante unos momentos, le dijo que se tumbara boca arriba, la abrió las piernas y la volvió a acariciar la cosita con su mano extendida para, tras abrirla los labios vaginales, no tardar en volver a frotárselo con energía al mismo tiempo que la apretaba el clítoris diciéndole que, aunque estaba muy mojada, quería verla mucho más húmeda. Lorena le comentó que llevaba cuatro orgasmos y que estaba a punto de mearse.
Álvaro la contestó que retuviera la salida de su meado hasta que se corriera por quinta vez y poniendo en marcha la cámara de vídeo de su móvil, la introdujo dos dedos en la entrada de su cosita y comenzó a masturbarla mientras la insultaba y la decía: “correte ya, maraca”. La cría empezó a mearse a chorros y en cuestión de segundos, la meada se juntó con el orgasmo. Álvaro, muy complacido, la sacó los dedos, se los secó en la parte superior de la pierna derecha de Lorena mientras la llamaba maraca, obtuvo unos primeros planos del coño de la cría completamente empapado en su flujo y dejó de grabar para volver a abrirla los labios vaginales con sus dedos y sacarla varias fotografías de su órgano sexual.
Después le quitó el vestido, sorprendiéndose de que con el tamaño de sus tetas no llevara sostén y tras apretárselas con sus manos y chupárselas, la fotografió completamente desnuda en varias posiciones. En cuanto acabó le dijo que había dispuesto de unos minutos para reponerse y tras hacer que se arrodillara en el suelo, Álvaro la pasó el pico por el pelo y se tumbó a su lado obligándola a chuparle, una vez más, el pico mientras que él volvía a meterla dos dedos en la cosita para masturbarla. Mientras tanto, Gabriela, que estaba colocada en cuclillas encima de la boca de Fernando, con la lengua del chico dentro de la concha y las manos en sus tetas, estaba a punto de correrse por cuarta vez. Las dos chicas llegaron al clímax casi al mismo tiempo y poco después, Gabriela dejó de moverle el pico con su mano a Fernando para, tras decirle que estaba deseando que se volviera a correr, proceder a chuparle muy despacio el “instrumento”. El chico no tardó mucho en complacerla y haciendo que se metiera todo el pico en la boca la echó otra gran ración de leche que se repartió entre la garganta, la cara, el pelo y las tetas de la chica.
Álvaro, por su parte, tras hacer que Lorena se incorporara y se doblara apoyando sus manos en uno de los bancos, la puso el pico en la raja del culo y haciendo que apretara su masa glútea contra su “instrumento” se corrió rápidamente expulsando sus chorros de leche con tal fuerza que la mayor parte cayeron en la espalda de la joven. Los chicos, seguramente para disponer de un poco de tiempo para recuperarse, les dijeron que, puesto que era evidente que se lo hacían entre ellas, deseaban que, a cambio de darles $50000 más, actuaran como las “putas tortilleras” que eran para lo que las obligaron a ponerse la una frente a la otra.
Álvaro las hizo besarse en la boca juntando sus cuerpos y que, agarrándose con fuerza por el culo, frotaran sus genitales. Después de que Gabriela se meara empapando con su meado la cosita y las piernas de Lorena, las hicieron tumbarse en el suelo para que, con sus piernas muy abiertas, se masturbaran delante de ellos metiendo los dos dedos en la concha de la otra. Esta vez fue Fernando el que, utilizando una cámara digital que sacó del bolso de su mochila, se ocupó de fotografiarlas al mismo tiempo que les decía que quería que el sonido de su flujo vaginal fuera perceptible en todo el vestuario. Al cabo de unos cinco minutos y viendo que ambas chicas habían llegado al clímax fue Álvaro el que se ocupó de la labor fotográfica con la cámara de su hermano mientras este las mantenía bien abiertos los labios vaginales. Acto seguido hicieron que las chicas se volvieran a masturbar, en esta ocasión a sí mismas, mientras ellos se colocaron entre sus piernas y Fernando apretó con fuerza las tetas a Gabriela y su hermano Álvaro, tras introducirla un dedo bien profundo en el culo, acarició el clítoris a Lorena.
Al cabo de unos minutos los dos chicos decidieron intercambiar sus posiciones para, una vez que las chicas se corrieron, hacer que sacaran sus dedos y se los chuparan. Las sobaron a conciencia antes de que Fernando las introdujera, primero a Gabriela y más tarde a Lorena, el puño dentro de la cosita para realizarlas un corto pero intenso fisting vaginal mientras Álvaro continuaba prodigándose con las fotografías. Cuando Fernando terminó su labor, Daniela escuchaba perfectamente los gemidos y el sonido del flujo vaginal de ambas mujeres.
Gabriela y Lorena les dijeron que estaban agotadas puesto que se habían corrido muchas veces, pero ellos las contestaron que como eran unas putas y tenían que estar acostumbradas, debían que seguir corriéndose. Para lograrlo se dedicaron a comerlas el coso hasta que primero Lorena y un poco más tarde Gabriela alcanzaron un nuevo e intensísimo orgasmo con el que quedaron totalmente entregadas. Los dos hermanos se recrearon durante unos minutos viéndolas completamente empapadas, con tiritones y tumbadas en el suelo.
Fernando, después de frotar con su mano extendida los labios de Lorena, se echó encima de ella y la penetró vaginalmente para bombearla con unos movimientos muy rápidos. Álvaro no tardó en imitarle y aunque Gabriela opuso un poco de resistencia, enseguida pudo echarse sobre ella y meterla el pico en la concha. Según se las estaban “cepillando”, fue cuándo Daniela, a pesar de no ser de las mujeres más proclives a ponerse cachonda con sólo ver practicar el sexo, se percató de que llevaba un buen rato masturbándose y de que, al menos, había alcanzado cuatro orgasmos con sus correspondientes meadas, todas ellas intensas y placenteras, aunque sólo las dos primeras fueron abundantes.
Fernando tardó casi un cuarto de hora en sacarla el pico a Lorena para que esta se incorporara con rapidez y le moviera el “instrumento” con la mano para que la leche la cayera en el exterior de la cosita. Acto seguido, Lorena se volvió a acostar y tras limpiarse la abertura del pico en los pelos púbicos de la cría, Fernando, de nuevo, se la introdujo vaginalmente.
Álvaro, por su parte, se encontraba muy a gusto echado encima de Gabriela y con el pico dentro de su concha. Para que aquello durara más tiempo se movía lentamente mientras la hurgaba con un dedo en el ano sin hacerla el menor caso cuándo la chica le dijo que como siguiera así iba a conseguir que se cagara. Alvaro se corrió echándola la leche dentro de la cosita. Al sentirla caer la chica le gritó: “¿pero ¿qué estás haciendo?” e intentó incorporarse, pero Álvaro no se lo permitió y a pesar de los insultos de la joven se la siguió follando durante unos minutos más diciéndole que estaba tan a gusto con su pico dentro de su concha que no había querido que su leche se desperdiciara. La chica se enfadó recriminándole que, puesto que no sabía sacar el pico a tiempo, tenía que haber usado condón. Álvaro, tras darla un beso en la boca, se la extrajo y echándose en el suelo boca arriba la dijo que le cabalgara vaginalmente para que expulsara la mayor parte de la leche que la había echado.
Gabriela le obedeció y mientras Álvaro la hurgaba con dos de sus dedos en el culo vio que, efectivamente, devolvió una parte del esperma. Al cabo de un rato, con sus fuerzas bajo mínimos y bastante nerviosa, Gabriela se meó mientras le cabalgaba lo que a Álvaro no le gustó demasiado y tras llamarla cerda y puta, la hizo incorporarse para sacarla el pico y empujándola la tiró al suelo. Visiblemente molesto se levantó y tras hacer que Gabriela le limpiara, logró que su hermano se la sacara a Lorena e intentó dar aquello por concluido.
Fernando sacó de su billetera treinta lucas, los tiró al suelo, recogió el tanga de Lorena y el sujetador y el tanga de Gabriela que se metió junto a la cámara fotográfica en los bolsos, dejó un paquete de WINSTON en la mesa más cercana a donde se encontraban las chicas y tras volver a tocarlas a ambas tanto el culo como la concha, les dijeron que quedarían contra la pared hasta que se fueran a menos que quisieran que se las culiaran otra vez y que mientras siguieran siendo unas buenas putas volverían a utilizar sus servicios puesto que se habían quedado con muchas ganas de darlas por el culo. En cuanto salieron, Gabriela, a la que Álvaro había echado la leche y Fernando había provocado la cagada, se dirigió a un lavabo para limpiarse mojándose abundantemente su zona vaginal mientras Lorena, que se ocupó de limpiarla el culo con papel higiénico, la aconsejaba que se duchara a lo que la aludida, un poco enfadada, la contestó que ya había pensado en ello pero que, al no disponer de ninguna toalla para secarse, tendría que esperar hasta llegar a su casa.
Gabriela se encaró con Lorena
diciéndole que, a partir de ahora, Álvaro y Fernando iban a querer metérsela
tanto por delante como por detrás y no quería que se corrieran más veces dentro
de ella ni que la dieran por el culo ya que nadie había estrenado su agujero
anal y con unos picos de las dimensiones de los de Álvaro. Lorena reconoció
que, aunque se la habían “cepillado” vaginalmente varias veces, tampoco la
habían dado por el culo. Gabriela se secó utilizando el papel higiénico que la
facilitó Lorena mientras esta, poniéndose en cuclillas y a pesar de que su
amiga le dijo que no lo hiciera allí puesto que podía coger cualquier
infección, procedió a mear en el suelo muy cerca del lugar donde los chicos
habían formado unos buenos charcos con su pis y la mierda de Gabriela. Después
de vestirse mucho más despacio que para desnudarse sin lograr encontrar sus
prendas más íntimas, que al haber estado de cara a la pared desconocían que se
había llevado Fernando, recogieron el dinero y el tabaco y se sentaron en uno
de los bancos donde Lorena acarició a Gabriela mientras se interesaba por
conocer si estaba en sus días fértiles a lo que la aludida contestó que no
estaba segura pero que pensaba que sí y que Álvaro la había echado un montón de
leche con el pico completamente introducido en su cosita. Lorena le dijo que se
tranquilizara, y fuera más optimista pensando en que si cada vez que un hombre
se corría dentro de la vagina de una mujer en sus días fértiles esta quedaba
preñada no cabríamos en el mundo. La dio un beso en la boca y tras facilitarla
un pañuelo de papel para secarse las lágrimas, se pusieron de pie y cogiendo
sus abrigos y sus mochilas salieron del vestuario.
Daniela, aunque no había vuelto a correrse, empezó a sentir
una imperiosa necesidad de mear por lo que, para no tener que echar su meado
una vez más en el desagüe de la ducha, se apresuró a limpiarse y a vestirse
para dirigirse al water del polideportivo donde, aunque la puerta continuaba
con el pestillo bloqueado y se quedaba entreabierta, meó abundantemente.
Después se lavó las manos y salió del polideportivo en el que había permanecido
durante algo más de hora y medía encaminándose hacia la recepción del colegio
con el propósito de hablar del tema con el director, pero, enseguida, cambió de
idea puesto que no quería meterse en líos y si comentaba lo sucedido lo primero
que tendría que explicar era lo que estaba haciendo en la zona de duchas del
vestuario femenino. Además, el espectáculo no la había desagradado y ella no
era nadie como para privar a Gabriela y Lorena o a otras chicas del lugar en
que llevaban a cabo sus relaciones sexuales.
Sin poder quitarse de la
cabeza lo que había visto dio un corto paseo por los alrededores del centro
escolar hasta que llegó la hora de la salida de sus hijos. Eso sí, por la noche
logró que en su casa se cenara más pronto de lo habitual para acostarse a las
diez y media con su marido que, al verla tan salida, la masturbó y la comió la
cosita durante más de media hora hasta que, estando de lo más salida y llena de
deseo sexual, la penetró vaginalmente y se el bombeo duro. A Daniela la pareció
que, cuándo se corrió, la echó una de las mayores cantidades de leche de su
vida con lo que alcanzó un orgasmo descomunal y a cuenta de la salida de su meado,
en cortos pero frecuentes chorros, su marido tardó más de lo habitual en perder
la erección por lo que pudo “cepillársela” durante otro buen rato.
El haber presenciado la sesión sexual que Álvaro, Fernando,
Gabriela y Lorena habían llevado a cabo en el vestuario femenino del
polideportivo del colegio hizo que Daniela, en cuanto vio que Feli no la
prestaba toda la atención que ella demandaba y seguía demostrando un mayor
interés por la joven amiga de su hija, no dudara en chantajear a Gabriela y
Lorena con intención de poder seguir disfrutando de la actividad sexual de tipo
hetero de las crías al mismo tiempo que mantenía relaciones lésbicas con ellas
por lo que el primer día que las encontró en plan sugerente en la puerta del
colegio, se acercó a ellas y aunque fuera mentira, las dijo que tenía
fotografías y vídeos de su sesión con Álvaro y Fernando y que si no querían que
hiciera público todo el material tenían que hacer todo lo que ella las dijera.
Lorena, aparte de no
prestarla demasiada atención, la llamó “puta, califa, mirona y vieja” mientras
Gabriela, asustada y muy pendiente de que la bajara su ciclo menstrual, accedió
a entrevistarse al día siguiente con Daniela que, tras prometerla que si estaba
preñada la acompañaría y la pagaría el importe de un aborto muy discreto, logró
que durante un par de semanas se convirtiera en una sumisa muy fiel. De esta
forma y aparte de estar presente en tres de las sesiones sexuales que Gabriela
mantuvo con dos de sus compañeros del instituto a los que la cría obligó a usar
condón para penetrarla, la complacía comiéndola la conchita en cuanto Daniela
se lo pedía. Lorena, viendo que su amiga se estaba enganchando más de lo debido
a Daniela, le dijo que si lo que buscaba era tener sexo lésbico con regularidad
lo mejor que podía hacer era contactar con una mujer, llamada Maite, que
llevaba a su hija al mismo colegio que ella. Aunque Gabriela siguió un par de
días más al servicio de Daniela hasta que la cría, al bajarla la regla, se
quedó tranquila y habiendo comprobado que se vaciaba mucho más a gusto con la
práctica sexual hetera, decidió acceder a las continuas peticiones de Lorena y
liberar a Gabriela.
Daniela conocía perfectamente a Maite puesto que es la madre
de una de las compañeras de clase de su hija. Se trata de una mujer muy
elegante, de estatura más bien baja y pelo rubio, con una edad similar a la de Daniela,
bastante guapa a pesar de que su cara siempre refleja un gesto muy serio que
más parece de enfado, con muy buen cuerpo y fama de maraca. Lo que la extrañaba
es que estuviera metida en actividades sexuales de tipo lésbico cuándo, en
algunos de los pasillos que las mujeres formaban en el patio del colegio
mientras esperaban la salida de sus hijos, había oído comentar que la gustaba
mantener relaciones con chicos jóvenes, con especial predilección por los
estudiantes y que con frecuencia se encerraba con alguno en un water del centro
escolar para hacerles una paja y asegurarse de que tanto las dimensiones del pico
completamente erecto, como la cantidad de leche que echaba y su potencia sexual
eran las más adecuadas para acostarse con él. Algunas féminas habían llegado a
decir que Maite no estaba segura de sí había engendrado a su hija en la
actividad sexual que desarrollaba con su marido o con uno de estos chicos. Lo
que Daniela si sabía puesto que Maite se jactaba de ello es que, antes y
después de casarse, había cabalgado completamente desnuda a chicos jóvenes en
lugares públicos.
Cuándo Daniela habló con Maite, está la confirmó que,
efectivamente, los lunes y los jueves por la tarde y desde la hora de entrada
hasta la de salida de su hija del colegio, se reunía con unas diez o doce
amigas en una vivienda antigua que tenía deshabitada para llevar a cabo entre
ellas relaciones de tipo lésbico y que la mayoría de los miércoles también
solían acudir para hablar y proponer mejoras en su actividad sexual. Daniela,
sin pensárselo, decidió integrarse en el grupo de Maite. Al visitar por primera
vez el piso en el que mantenían los contactos se encontró con una vivienda
bastante desangelada con un pasillo largo, una cocina grandísima, un cuarto de
baño de dimensiones muy reducidas en el que solamente había lavabo y water y
dos habitaciones y una alcoba en condiciones de ser utilizadas al existir en
ellas unos colchones. En los rincones, las distintas integrantes del grupo iban
dejando sus cosas ya que cada una llevaba papel higiénico, toallas, uno o dos
conjuntos de ropa interior por si tenían que cambiarse al terminar, algunos
cubos, garrafones de agua y varios “juguetes”. El piso no disponía de
calefacción por lo que, aunque Maite iba por la mañana los días que tenían
sesión sexual o reunión para poner en funcionamiento las estufas eléctricas
existentes en las habitaciones, los días en que el viento soplaba con fuerza se
pasaba frío hasta estar en plena actividad.
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